Apoyo psicológico para el paciente con cáncer

¿Está de moda o es necesario? ¿Mejora el pronóstico o sólo la calidad de vida? ¿Es igual que cualquier terapia? ¿Hay especialistas?

¿Y QUÉ IMPORTA LA DIFERENCIA?


Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar

        Hacer alarde de la multiplicidad de enfoques, sin distinguir las diferencias, es algo que suele advertir la subestimación de una práctica. Para los "asuntos" realmente importantes, los médicos no le encargarían a cualquier profesional una tarea calificada.
        ¿Da lo mismo que el 'especialista psi' de un equipo médico, en nuestro caso oncológico, sea un psiquiatra, un psicólogo, un 'consejero psico-social' o un analista? Son prácticas tan distintas que, comparativamente serían tan distantes como la homeopatía de la alopatía, sus principios, métodos y concepción de la cura son absolutamente heterogéneos, en muchos aspectos incluso, incompatibles. Partiendo además, de diferencias abismales en el carácter, exigencia y profundidad de la formación.
        La indiferencia en este punto, señala que existen en el trabajo interdisciplinario conexiones entre las prácticas con muy distintos objetivos, efectos y consecuencias.
        Lo más usual es encontrarnos con conjuntos de prácticas hegemonizadas por un discurso totalizador, que les da sentido a las intervenciones parciales, de todas las demás. Así, en un Servicio de Oncología, todas las disciplinas que se reúnan tendrán el objetivo de colaborar para solucionar el problema que convoca al oncólogo: el cáncer.
        Entre las prácticas paramédicas, se adaptan muy bien el auxilio de la psiquiatría casi al sólo efecto de administrar y dosificar medicación y la psicología entendida en un sentido muy amplio, proveyendo adhesión al tratamiento médico, por vía sugestiva. Son los famosos "apoyos" para enfrentar un tratamiento oncológico. En verdad, el más apoyado es el orden médico, con refuerzos interdisciplinarios para lograr su cometido, independientemente de lo acertado o erróneo que sea su accionar.
        Denominamos "ideología interdisciplinaria" a esta militancia globalizante, donde una multiplicidad de actores se alinean tras una idea dominante, se evitan las diferencias para conformar un discurso único y se ejerce el poder jerárquicamente sobre un "todo" integrado, que idealmente se conforma con los diferentes aspectos del paciente y su tratamiento.
        En el caso de un paciente en proceso de curación, se encara el tratamiento como una batalla, donde la enfermedad será vencida gracias a la lucha conjunta del equipo, el paciente, la familia, porqué no... la institución. Una cruzada contra el Mal, donde todos ponen su granito de arena del lado del líder-jefe-guía-doctor- que 'sabe lo que hace y siempre lo hace bien'. Por eso todos deben colaborar y/u obedecer bajo sus órdenes bienintencionadas, brazo ejecutor de la Ciencia o de Dios, según se lo mire. O de ambos.
        Ante un mal pronóstico o los resultados negativos del tratamiento, el objetivo vira rápidamente hacia la aceptación de los límites, la preparación para la progresiva, o un tanto precipitada retirada del oncólogo, y la importancia repentina de hablar de la muerte, elaborar duelos anticipadamente, perdonar a troche y moche, y reconciliarse con el mundo, porque al fin y al cabo todos los hombres somos mortales, como Sócrates. Estas temáticas relacionadas al fin de la vida, pasan a ser la prioridad y el objetivo del mismo equipo que durante el tratamiento activo no le permite al paciente desplegarlas, sin hacerlo callar con antidepresivos y ansiolíticos, pues se consideran signos indeseables de una disposición negativa, un peligroso pesimismo que 'no colabora con los esfuerzos curativos'.
        El poder médico, a pesar de su devaluación en el mercado de la salud del neoliberalismo, aún ejerce su seducción para la mayoría de las prácticas. El beneficio de la pertenencia a un equipo médico, opera una excesiva apertura a sus necesidades y objetivos, en las disciplinas que se conectan en su campo de intervención. Muchas veces el costo incluye una homogeneización o mimetización, que desnaturaliza la diferencia entre las prácticas, incapaces de sostener sus propios principios, instrumentos y objetivos. Esto suele pasar especialmente con distintas vertientes de la psicología, que se "pega" al discurso médico, o pretende evangelizarlo con gestos "humanistas" que tengan más en cuenta al "sujeto" víctima de la enfermedad.
        Hay una política de la cura que pasa por "tomar el poder" mediante el gobierno del aparato del estado físico y/o psíquico. El equipo médico aparecerá así como un 'gerenciador' de la enfermedad, disciplinará y controlará al paciente con todas las armas a su alcance. Para este tipo de ideología, un solo mundo es posible, el que nos proponen. En él todo está predeterminado, y sólo basta seguir el libreto uniformemente concebido para todo el universo. Así como hay esquemas de drogas antineoplásicas aplicables a todos los pacientes con el mismo tipo de tumor estadificado, se conciben 'perfiles psicológicos' para pacientes con cáncer; etapas emocionales tipificadas, para el moribundo; menú de mecanismos de defensa, del enfermo; ansiedades básicas, para los familiares o cuidadores; indicaciones pautadas de 'cómo dar malas noticias'...etc.

        La interdisciplina, no necesita de servidumbres, de mando ni de dominio y control sobre la multiplicidad de funciones desplegadas en torno a los problemas diversos y singulares que plantea la práctica en cada uno de los casos. Las modificaciones que opera el trabajo entre diversas disciplinas autónomas, enmarcadas en la legalidad de las distintas intervenciones y en permanente discusión teórico/práctica, hace del trabajo de cada una de ellas, algo distinto del mero ejercicio profesional aislado o agrupado por consensos generales pre-establecidos.
        Es que tanto para el médico como para el psicólogo, lo que se juega en la posibilidad de ejercer su función, no es solamente un saber necesario, sino una posición subjetiva determinada que le permita operar con su saber, con su deseo y aún, con su angustia. En este sentido, poseer un saber es condición no suficiente, tal como tener un excelente funcionamiento de los aparatos reproductores, no significa que se llegue a ejercer excelentemente la paternidad.
        Actualmente no hay dispositivos que certifiquen tales requerimientos y la dificultad que plantea la formación en este campo interdisciplinario, explica la variedad infinita de abordajes y 'doctrinas', 'ideologías' y sus desparejos resultados, estimados o desestimados según parámetros absolutamente incomparables.
        Una de las hipótesis centrales de la obra de Sigmund Freud, la del Beneficio primario de la enfermedad, hace que nuestro trabajo en oncología no admita la ausencia de la clínica psicoanalítica para el tratamiento de pacientes: La reducción de la tensión que procura la enfermedad, por más dolorosa y temida que sea, tiene por finalidad evitar al sujeto conflictos a veces más penosos, se trata del mecanismo inconciente de 'huida en la enfermedad'. Las modificaciones que la nueva situación de afección física aporta en las relaciones interpersonales, desplazan la energía psíquica de una situación conflictiva, a resolver o elaborar, a un problema en el cuerpo, que tiene que solucionar el médico, o Dios...
        Lo que " hace" la actividad tumoral en un organismo, muchas veces funciona de velo efectivo para no darse cuenta de lo que " hace " el sujeto con su vida o con su muerte. Descubrir los sutiles mecanismos personales del cerrojo de las prisiones invisibles que encadenan el sujeto al padecer, es tarea analítica. No pocas veces, esos mecanismos se hacen carne o sangre. O se deshacen.
        Por eso, el problema clínico que convoca diferenciadamente al psicoanalista, del médico, aunque ambos trabajen con pacientes oncológicos, sigue siendo intrínseco a su práctica: desentrañar las modalidades de lo que Freud aisló como Pulsión de muerte, es decir investigar caso por caso, las maneras de poner límite a los modos mortíferos de gozar.