"Todo lo que es fácil de enseñar, es inexacto"(1)
Es importante constatar este tipo de contradicciones, pues fácilmente
podríamos adjudicar a una 'desleal competencia profesional', el recorte
del campo de ejercicio de la práctica psicoanalítica, con la excusa
de una necesidad terapéutica específica, que no podría
esperarse desde la teoría y el método que sustenta el tratamiento
que dirige un psicoanalista.
Evidentemente que ese motivo de rivalidad y opinión interesada, tiene
su importancia en la contraindicación generalizada, como así también
la ignorancia y los prejuicios respecto del psicoanálisis, sumados al
recelo que provoca un campo de estudio que explica las conductas humanas, con
un nivel de exigencia epistemológica que difiere de los datos de la experiencia
común, por la complejidad de su objeto teórico: lo inconciente
y el goce. Diferencia que molesta, tratándose del estudio de la psiquis,
y en cambio se respeta en otros campos de la ciencia.
La rivalidad, el interés, la ignorancia, los prejuicios, los celos, la
desestimación sin duda, tienen sus efectos. Pero esto no lo explica todo.
El 'facilismo' de las nociones 'intuitivas' y 'evidentes' para el sentido común,
a partir de lo cual se fundan recomendaciones 'psicosociales', cuentan por lo
general con amplio consenso dentro del ambiente médico, de los familiares
y allegados del enfermo y del mismo paciente. Efectivamente, nada muy alejado
de la autopercepción conciente de las dificultades reconocibles por el
Yo oficial, va a ser tenido en cuenta o afectado por abordajes pautados según
ideales de 'bondad' o 'adaptación', nombrados en la práctica médica
como 'Terapias de apoyo' y 'Doctrina del Buen morir'.
Bajo este sistema de ideas dominantes, la suposición del deseo de curación
será indiscutible o indiscutida, por lo tanto el 'libre albedrío'
respetable, como si la 'autonomía' del sujeto fuera un bien inanalizable
y las decisiones, solo un asunto de voluntad y 'estilo de vida'.
En este contexto, un tratamiento consistirá en una especie de pedagogía
tanática, que logre el apoyo creciente de los involucrados y el cumplimiento
de un límite cercano de las expectativas, comenzando por los limitados
objetivos terapéuticos.
Psicoanálisis es el tratamiento que se espera de un psicoanalista(2)
El deseo involucrado en un análisis, es decir el de analizar y de seguir
analizando, aún en situaciones críticas de la vida del paciente,
tiene que ver fundamentalmente con la teoría: es que la concepción
del sujeto, hace todas las diferencias respecto a cualquier otro abordaje psicoterapéutico.
Lo que pone en cuestión un análisis, justamente en el curso de
una enfermedad orgánica, son las certidumbres más intocables de
la 'comprensión', productos de la imaginación, que damos por sentados
en cualquier vínculo social con cierto grado de empatía o identificación:
La exterioridad del deseo respecto al padecimiento.
La fuerza de la voluntad conciente para abogar por la curación.
La incompatibilidad de las elecciones propias, respecto de la complicidad con
el sufrimiento.
El divorcio de los problemas orgánicos respecto de la vida psíquica.
Quién va a saber mejor que yo, lo que me conviene?"
" ¡No me van a decir que me olvido a propósito de hacer los
controles a tiempo!"
"¿A quién le puede importar más la propia vida que
a mí misma?"
"¡No se puede luchar contra el destino, uno no tiene nada que ver
con la suerte!"
"Si el doctor me recomienda no hacer nada, por algo será, él
es el que sabe"
"Uno necesita creer que todo lo hacen por mi bien, sino... no se puede
vivir"
"Hay que confiar en el amor de los hijos, yo prefiero que decidan ellos
por mí"
"No hay nada que analizar: esta es 'realmente' una enfermedad orgánica"
Si la consigna fuera, que una persona con cáncer, debe transcurrir su
enfermedad y sus tratamientos en posición de creyente, ignorando las
contradicciones propias y ajenas, dependiendo de decisiones de Otros, o imponiendo
su voluntad silvestremente, apoyada en el sentido común que nos asiste
encubriendo las más peligrosas decisiones... no dejaremos de encontrarnos
como en las tragedias clásicas o en los clásicos tangos, con la
'sorpresa' de que nos engañamos y cuando uno se da cuenta... ya es demasiado
tarde. Entonces, sólo queda el lamento o la confesión:
"¡ Lo que más bronca me da, es haber sido tan gil!"(3)
Efectivamente para estos objetivos, el psicoanálisis no resulta eficaz,
todo lo contrario. Su tarea de 'develamiento' no depende de diagnósticos
médicos, sino de su propio diagnóstico de la posición subjetiva
y la posibilidad de establecer una relación 'transferencial' que dé
lugar a la interpretación del sujeto del inconciente y la demostración
de las formas de 'goce' mortíferas, a las que el cuerpo y la represión,
suelen prestar tan buen servicio.
Es cierto que el psicoanálisis no tiene como objetivo de su trabajo 'la
cura' de la enfermedad, la favorece por añadidura:
1. Al pasar por la palabra y la relación terapéutica, las encrucijadas
del deseo y las modalidades históricas del sufrir personal.
2. Al descifrar el cuerpo como superficie de inscripción, de lo que no
se dice.
3. Al posibilitar el abandono del uso de la enfermedad y de la dolencia física,
como lugar privilegiado para el sometimiento y el castigo.
4. Al descubrir el destinatario del 'sacrificio' o la 'mutilación' y
sus 'motivos'.
5. Al desmantelar el 'heroísmo trágico' que se satisface con la
muerte.
6. Al analizar el juego mortal de demandas imperiosas, ante Otro ciego y sordo,
a veces inamovible o muerto.
7. Al confrontar al sujeto con sus deseos en contienda con sus identificaciones.
"-Soy el único hijo motivo de orgullo para mi padre, si supiera de mi homosexualidad, me mata o se muere" (Diagnóstico médico: cáncer de pene. El tratamiento, centralmente quirúrgico, consistió en sucesivas operaciones mutilantes.)
Ese cuerpo, sede del dolor, la amputación, las heridas y la flagelación, es relevado de una función que complica al organismo, que lo desordena, que lo hace partícipe como rehén, de intentos desesperados, crónicos o sorpresivos de un cambio dramático en lo corporal, pero imposible para el sujeto y sus lazos afectivos más importantes, en los que 'soporta' su lugar en el mundo.
Efectivamente, un análisis es un trabajo de desestructuración,
desidentificación e innovación respecto de un funcionamiento que
colapsa en una enfermedad orgánica, o en ella materializa una 'salida
trágica' a una encerrona de la existencia.
Con frecuencia ha sido una pérdida insoportable, lo que se atisba como
'móvil' del desenlace fatal, pero resulta un reduccionismo considerarlo
como causa. El análisis tiene que dar cuenta de cuál es su papel
en el libreto singular, que coloca al sujeto como objeto o protagonista de su
propia pérdida.
Cuando la suerte, que es grela, fallando y fallando..."(4)
Siempre se trata en un psicoanálisis, como en la vida de todo ser humano,
también y todo el tiempo, de la muerte y la sexualidad, es decir del
cuerpo y de los Otros, del sujeto y de la alteridad. De cómo se dicen,
se desdicen o se silencian los deseos del sujeto, sus ideales, sus amores, sus
creencias y sus angustias. Y la de los Otros. La experiencia analítica
es la exploración de la relación del sujeto con el goce. Si es
posible crear las condiciones para descifrarlo interpretando el saber inconciente,
construyendo lo 'insabido' o demostrando lo 'insabible', el abordaje psicoanalítico
es posible y atañe fundamentalmente al cuerpo.
Del deseo de saber, la palabra circula hacia un saber a cerca del deseo. De
las claves del destino (uno de los nombres de la omnipotencia del Otro) es decir,
de la 'suerte' echada según la baraja de los Otros, el trabajo de la
cura analítica, no ayuda a hacerse cargo ni adaptarse, más bien
separa y libera: 'Donde eso estaba, el sujeto ha de advenir'. El Psicoanálisis
cura del 'destino', no pocas veces éste lleva el nombre de una enfermedad.
¡Mala suerte!
No hace falta para ello, crear otros 'superpoderes' a los cuales adherir o por
los cuales sacrificarse, es más bien la construcción de un saber
propio a cerca de las modalidades singulares del placer y del martirio, lo que
libera al cuerpo de un vasallaje obscuro y una complicidad ampliada: la de los
propios engaños y traiciones, más la piadosa resignación
a una 'fatalidad', generalmente anunciada o esperada.
La seducción del mártir y la fascinación del heroísmo,
tienen sus raíces en la idealización; ni los enfermos, ni los
cuidadores, ni los equipos profesionales que tratan a pacientes crónicos
o incurables, suelen renunciar fácilmente a un protagonismo en la escena
trágica.
'Dignidad o muerte' es una elección imposible. La alienación implícita
en la obligación de 'elegir' la muerte, sostiene una apariencia, que
en definitiva es una impostura, la invitación a tomar un lugar en la
escena de una muerte consentida: sólo un fantasma de omnipotencia contra
lo real de la nada.
Desamparo y desolación, dos nombres para la muerte en la vida, la única
que podemos realmente vivir (y gracias al Tango embellecerla y contarla). La
paradoja de la soledad inevitable y la imposibilidad de estar solo.
Paradigma de la ligazón con un tiránico Otro, del cual no nos
podemos deshacer en vida: la relación con el cuerpo, sólo se puede
soportar en el amparo de un deseo que no sea de muerte.
El analista no opera con sus ideales, sino con su deseo y su castración,
las fronteras de lo imposible para cada cual y hasta dónde pueden ser
franqueadas.
Un límite personal del analista, puede impedirle sostener un tratamiento
cuando el paciente es oncológico, pero no es el instrumento del Psicoanálisis,
en todo caso, lo desaconsejable, sino la resistencia del analista.
La apuesta del psicoanálisis para salir de la tragedia, es lo contrario
a la resignación a un destino o una 'suerte echada': implica mostrar
la escena, leer el libreto, escribir las historias posibles y colocar al sujeto
ante la responsabilidad de la elección de sus actos, sin la certeza de
cuál será el final. Tal posición nunca será sin
condiciones, no gozará de garantías, no se funda en la inmortalidad,
pero tampoco en el adiestramiento para la muerte.
Habría que investigar clínicamente, si la prescripción
que invita a los pacientes con cáncer - u otras enfermedades que requieren
una importante apertura y subordinación a propuestas médicas con
compromiso vital -, a no recurrir a intervenciones psicoanalíticas, no
implican un reaseguro de dependencia y sometimiento del sujeto a lo que se le
demande desde el lugar de saber que detenta la medicina, desde la demanda 'amorosa'
familiar o la simpática comprensión psicológica.
Sólo un proceso de 'neurotización' del paciente orgánico,
o de profundización de su neurosis, se puede esperar al invitarlo a tomar
el lugar de objeto en el fantasma de benevolencia del Otro. Sabemos también
del despiadado sadismo con que es expulsado generalmente, quien no se aviene
a la voluntad de un amo ungido por la ciencia y sus representantes en la cadena
de mandos: Jefes, residentes, enfermeros/as, psicoterapeutas, y asistentes varios.
La intensa y muchas veces sórdida lucha que establece el paciente y/o
algún familiar o allegado, para afrontar como sujeto la condición
humana de la enfermedad y la finitud, sin reducirse a firmar crípticos
consentimientos y entregarse a las 'manos de Dios' y de sus hijos dilectos,
reencarnados en los actuales sistemas de salud comercializados. Nada de esto
podrá apreciarse en la bibliografía naif, que abunda
en imprecisiones psicológicas idealizantes de pacientes, médicos
y terapeutas.
Las consecuencias de las decisiones, los actos, y las modalidades con las que
se viven los avatares de las historias personales, la finitud, las desgracias
personales, familiares, sociales, trascienden por generaciones, es decir, que
la clínica, aún en caso de enfermedad crónica o incurable,
siempre es con la vida, en tanto y en cuanto compromete lo real de la estructura
subjetiva, que no podría sostenerse en los estrechos márgenes
del 'narcisismo', es decir vivir para 'pasarla bien', confortándose con
la complacencia del Otro y buscando su reconocimiento hasta morir.
(1) Bachelard, G., La filosofía del no, Amorrortu, Buenos Aires, 1973. Pág. 24. El párrafo completo rubrica el capítulo "¿Cómo se constituye una ciencia?" de Néstor A.Braunstein: "En lo que concierne al conocimiento teórico de lo real, es decir, a un conocimiento que vaya más allá de una simple descripción - y dejando de lado la aritmética y la geometría- , todo lo que es fácil de enseñar es inexacto."
(2) Definición irónica de Jacques Lacán, que se puede encontrar por ejemplo el ensayo "Situación del Psicoanálisis y formación del Psicoanalista en 1956", en Escritos 1, Siglo XXI, primera edición en español, 1971, México, décima edición corregida y aumentada, 1984. Pág.442.
(3) Tango 'Chorra', Letra y Música de Enrique Santos Discépolo, 1928.
(4) Tango Yira, Yira, Letra y Música de Enrique Santos Discépolo, 1930. La 'suerte', aparece como la alteridad irreductiblemente deseada y fatal: condensando los dos rasgos constantes de lo femenino; representado míticamente por 'Eva' (la perdición del hombre) y 'María' (la salvación de la madre). En lunfardo, la grela, la mina, es la mujer traicionera y fascinante pero también grela en lunfardo significa mugre, suciedad, mancha. La suerte, como la 'puta', maldecida, ansiada, fantaseada, siempre culpable, temida y a la vez cercana a lo sagrado, a lo prohibido y a lo buscado, como la madre. Ambas con el estigma de la traición. Lo femenino, incalculable, incognocible, lo Otro inevitable, con el doblez de lo siniestro, de la seducción y el misterio. La muerte, es personificada universalmente también con estas características, parafraseando el lunfardo: "Cuando la muerte, que es grela..."
LECTURAS RECOMENDADAS
Braunstein,N.A., Pasternac, M.,Benedito, G.,Saal, F., psicología: ideología y ciencia, Siglo XXI, 1ra. Edición, México, 1975.
Braunstein, Néstor, el goce, un concepto lacaneano, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.
Courel, Raúl, Psicoanálisis en el campo del goce, Manantial, Buenos Aires, 1994.
Leclaire, Serge, Desenmascarar lo real, 1ra. Reimpresión, Paidós, Buenos Aires, 1982.
Miller, Jacques-Alain, Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo, 1ra. Edición, Tr. Maritza Reynoso, Biblioteca de la Colección Diva, Buenos Aires, 2002.
Szpirko, Jean, La clínica psicoanalítica...
con el correr de la ciencia, Homo Sapiens, Rosario, Argentina, 1995.