SALUD
PÚBLICA Y MEDICINA INDÍGENA
Por primera vez ha llegado a los medios
'oficiales' noticias del inexistente debate intercultural respecto de las
medicinas indígenas, la concepción de la salud y de la enfermedad y los
procedimientos prácticos preventivos, aplicados por milenios en
La iniciativa del gobierno de
En lo fundamental no es por un desacuerdo cultural, que los enfermos kollas, guaraníes, aymaras, quechuas o mapuches, no cuentan con atención médica hospitalaria, cuando lo necesitan; sino porque forman parte de la mayoría de la población que bajo la línea de pobreza, no accede ni al boleto de un colectivo para acercarse, ni a trabajos en blanco que contemplen el estado de salud, ni remuneraciones que les permitan comprar medicación, ni condiciones sanitarias para su vida diaria: agua potable, energía eléctrica, cloacas, gas natural, calefacción, alimentación suficiente, recolección de residuos, y medios disponibles para lo que desde el más común de los sentidos puede entenderse como 'vida digna'.
La ecuación básica: trabajo, vivienda, educación y sociabilidad, sigue siendo la 'mágica solución' para el 99% de los requerimientos de la salud pública, en todas las culturas del mundo.
Sospecho que aunque justo, el reconocimiento de la cultura de salud comunitaria de los pueblos originarios, hoy tendrá que ver más con un cálculo de costo beneficio y gesto demagógico, que con un programa sustentable de salud pública.
Suficiente experiencia se ha cosechado
con el Plan ATAMDOS (Atención Ambulatoria y Domiciliaria de
Así explicaba, el año pasado el
dispositivo ATAMDOS, el Dr. Ferrara a los estudiantes de primer año de
"El ATAMDOS consistía en un grupo, en un equipo
interdisciplinario, auténticamente interdisciplinario. ¿Por qué dije la palabra
'autentica'?, se los voy a contar mejor. Estaba compuesto por un médico, una
enfermera, por un psicólogo, por una trabajadora social, por un bioquímico y por
un odontólogo cada 2 (dos) ATAMDOS.
Ese grupo atendía 300 familias. En una área señalada por ellos. Atendía todas
las situaciones que debían atenderse en salud. Y eran los responsables de la
salud de ese grupo. Ese grupo tenía una característica fundamental. Ganaban
exactamente lo que ganaba yo como
Ministro de Salud, no me acuerdo la cifra pero creo que eran como 5000 mangos.
Yo ganaba como ministro 5000 mangos y ellos médicos, enfermeras,
trabajadores sociales etc. Ganaban exactamente lo mismo. Pero había una
responsabilidad. Ninguno podía trabajar en otro lado. Esto era exclusivo y con
retención de título.
Hicimos aproximadamente 900 nombramientos, una sola persona
me falló. Que fue una trabajadora social de Tandil, que vino después a
explicarme porqué había sido, pero esto era una regla de oro. Y ninguno más
metió la pata. Y además porque las 300 familias, esto es la revolución, eran
quienes manejaba la guita, quienes manejaban absolutamente el presupuesto del
equipo. Eran los que controlaban y dirigían, discutían y resolvían los problemas
de salud. Cuando se
ponen en camino en nuestro país allá por los finales del siglo XX, nuestro
pueblo tenía el antecedente gremial y sanitario de manejarse en asambleas. Nosotros por el 87 ya nos manejábamos por
asamblea, todo se manejaba por asamblea. La asamblea elegía el Consejo de
Administración. Yo iba frecuentemente a las asambleas." (...)
La comunidad de los Toldos, desde donde la asamblea popular reclama la habilitación de un centro de atención para la salud, que contenga las prácticas ancestrales mapuches, es uno de los lugares donde la organización comunitaria da sus frutos: centro cultural, radio, educación artística, enseñanza de la lengua originaria a las nuevas generaciones, etc. El reclamo de su territorio y la recuperación del predio enajenado por la iglesia católica, para el funcionamiento de un centro sanitario mapuche, ha sido un punto de llegada del trabajo colectivo de un activo grupo de luchadores de esa comunidad, que legítimamente solicitan la propiedad colectiva de sus tierras y el derecho a la autoorganización de su centro de salud; seguramente sin renunciar a ciertos aspectos de la medicina 'occidental', 'oficial', o 'científica' que saben beneficiosos para los suyos.
En todas la prácticas llamadas con cierta subestimación 'curanderiles', hay un respeto y una muy conciente discriminación de las afecciones o dolencias que deben ser vistas por 'médicos de hospital', por no estar comprendidas dentro de la gnoseología propia, y la terapéutica correspondiente. Se derivan, normalmente los casos que requieren cirugías o medicamentos de farmacia, y son las dificultades económicas y de índole familiar o las distancias, las que impiden el acceso al sistema hospitalario.
Es que el tema del no reconocimiento de los propios límites, es más un problema de la mentalidad de 'occidente', que de la lógica subyacente a las decisiones de tradición tribal, donde la propia dinámica colectiva, va regulando los excesos y sancionando los abusos de poder o la irresponsabilidad de algunos de sus miembros. Donde la salud, como el bienestar, es una construcción permanente de todo el grupo, no un bien ofertado por el mercado para consumo personal. Para quienes, el enfermar, es una oportunidad para replantearse los vínculos afectivos, evaluar los deseos, los desencuentros amorosos, el cumplir con las pautas de convivencia, el respeto a los mayores, la protección familiar, y lo que los médicos comprenden como el 'estilo de vida', que no se debe tanto a los 'malos hábitos' de la costumbre, como a temporarias 'pérdidas del alma', tanteos con la muerte, según estos saberes tan antiguos, de los que tenemos mucho que aprender.
Nos contaba Liliana Antiman,
dirigente de

"Nos pasa mucho con
la gente de Buenos Aires, que quieren saber sobre nosotros y llegan y hablan,
hablan, hablan y hablan... y hablan. No sé con qué información se van. Ellos
hablan y nosotros callados. Pero aquel que sabe escuchar, después puede
reflexionar sobre lo que se está hablando. Nosotros somos muy abiertos
al diálogo, pero... ¡ nos
han robado tanto! Hasta las palabras nos roban"
| Ngillatun lafken mapu mew(2) | Nguillatún en la costa |
| Katxütual ta filla kiñeke antü lafken püle mülechi pu williche ükafentuwmekeygün weñag pu ruka mew. Entupülxüwmekeygün chi gütxam mew fey puwkeygün Pukatxiwe llefentunerpufiel ngillatun mew chi güñün ñi weza püllü lalakü amulelu zeyiñ mapu püle. Pu williche ka chi lafken pewütulen nüwtxawüfigün filla antü. |
Para poner tranca a la miseria
cada cierto tiempo los williche de la costa desclavan de sus ruka(3) las
penas. |
(Autora: Graciela Huinao(5), traducción de Clara Antinao)
Así editorializa la prensa indígena la noticia:
http://www.nodo50.org/azkintuwe/
http://www.prensaindigena.org.mx/