LESIÓN ORGÁNICA:
RELACIÓNES ILÍCITAS ENTRE
Encuadre de las
intervenciones psicoanalíticas en pacientes oncológicos:
Lic. Diana Braceras
El contexto es el del trabajo interdisciplinario, es decir, en
condiciones de conexión con la práctica médica de la oncología, las
intervenciones se realizan durante el tratamiento médico, generalmente en
internación institucional o domiciliaria. Los pacientes han demandado atención a
partir de su diagnóstico, o en cierto momento de su tratamiento médico. La
oferta de intervenir con el dispositivo de la escucha analítica, en la mayoría
de los casos, está planteada desde el equipo médico.
La posición del analista, no depende, por lo tanto del lugar físico donde
se realiza el encuentro con el paciente, ni de un tiempo necesariamente regulado
y acordado como entrevistas pautadas, ni del estado de salud física del
paciente, ni se plantean objetivos según pronósticos estadísticos, aunque, por
supuesto se tenga en cuenta todas estas variables que dichas o no dichas,
inciden en la situación clínica. Las entrevistas e intervenciones, suelen
incluir la presencia de miembros de la familia del paciente u otros asistentes
del entorno médico y del equipo interdisciplinario.
Se
trata de intervenir sobre el discurso, no de influenciar sobre personas. Se
trata de trabajar sobre estructuras, no conductas.
El obstáculo más importante para poder intervenir en este particular
campo en conexión con la práctica médica, no es tanto el lugar complicado que
determina el paciente o el médico para el analista en estas condiciones. La
mayor resistencia proviene de los pre-juicios, los pre-conceptos y pre-
supuestos que habitan al psicólogo o al analista y que más allá de sus
convicciones teóricas, afloran en cuanto atraviesa el límite de un consultorio
con diván, que funciona como garantía imaginaria de una transferencia
incontaminada por la portación del cuerpo orgánico y la angustia de muerte
jugada en una situación realmente próxima.
Propongo la idea de una asociación ilícita entre la lengua, la estructura
del lenguaje que se singulariza en un hablante, y el cuerpo, estructura orgánica
y funcional categorizada por el discurso médico, pero que también soporta al
sujeto, a su historia y sus goces.
¿Qué es lo que aporta la lengua a la lesión
orgánica?
1) Las unidades fónicas y significativas,
en sus distintas medidas y funciones: palabras, letras, dichos, metáforas, etc.
Los significantes, aquella astilla de la lengua con capacidad de representar a
un sujeto en su articulación con otros:
-
‘Soy
un ganador, en una familia de pobrediablos’.
2) Y también el fallo del efecto
ordenador de lo simbólico, la masificación, coagulación, cristalización
significante que con Lacan, denominamos ‘holofrase’: solidificación de
significantes, que tiene una importancia capital en los efectos corporizados, en
las afecciones ‘picosomáticas’ y en las lesiones orgánicas. Donde la operación
del lenguaje no sólo afecta la subjetividad, sino que se hace carne, que muestra
en el organismo un ciframiento que puede acceder a la conciencia, sólo con un
trabajo de desciframiento que ponga en suspenso las funciones imaginarias del
lenguaje: la comunicación, el sentido común, las maneras sociales del decir; el
dispositivo es el de la escucha
psicoanalítica. ¿Para qué? Para incluir la dinámica del lenguaje, la polisemia,
el movimiento polivalente de las palabras, sus contextos y relaciones en el
escenario histórico en que se detuvo y cristalizó, dejando el botón de muestra
de un goce in-corporado.
En
una entrevista con paciente en quimioterapia:
- ‘Me harté de tenerlos a
todos prendidos a la teta’
-
No
se desprendió de ellos
-
No,
perdí un pecho. Dicen que se pierde el pelo, antes que las mañas.
3)
La marcación del cuerpo con palabras, prestas a asociarse en diversos contextos
de significación.
-
Este problema me come el coco, hace mucho más tiempo que el tumor de cerebelo.
4)
La lengua también aporta los cortes significantes del tiempo cronológico, en el
que se desenvuelve la vida de las personas, es decir las fechas, los
aniversarios, el comando simbólico de nuestros recuerdos y olvidos. En el
desencadenamiento de enfermedades y accidentes, ésta es una observación recurrente.
¿Qué es lo que aporta el cuerpo a la lesión orgánica?
1)
También
la localización, en tanto extensión material recortada por el lenguaje, pero con
una consistencia propia, sede de una dinámica físico-química que no es ajena a
la subjetividad. Baste con mencionar la causalidad lineal que se reconoce entre
una noticia devastadora y un infarto:
-
Un
método de homicidio indirecto o de tortura psicológica es el de afirmar la
muerte de un ser querido, no sólo dispara la desesperación, sino también algún
colapso físico que termina con la muerte o el daño orgánico irreparable.
2)
De
variables orgánicas también depende la caracterización sexual-genital de las
personas. Difícil para las mujeres hacer un cáncer de próstata o de
testículos, por más que sostengan
que alguien le ‘está hinchando las bolas’.
3)
Fundamentalmente
el cuerpo orgánico aporta sus agujeros, orificios, bordes y prominencias,
lugares privilegiados para el intercambio con el Otro, para el desarrollo de la
sensibilidad, la atracción de las miradas, la fijación de satisfacciones
libidinales, sitios de erotización que en distintos momentos y situaciones,
tendrán asiento en el cuerpo orgánico o se metaforizarán en el lenguaje. Ese
camino subjetivante que va de la carne (biología) al cuerpo (simbolizado por el lenguaje
en la relación con el Otro); de la naturaleza del viviente al sujeto, producido
en las prácticas culturales de los intercambios sociales.
¿Fuera
de qué Ley la enfermedad se presenta como el cuerpo del delito?
Fuera
de
Justamente, es esta
Es
la distancia con los órganos lo que funciona como condición y requisito, en la
estructura psíquica constituida con ciertos parámetros de ‘normalidad’. Al
menos, en lo que a estructura de deseo en las neurosis, atañe. En las Psicosis y
en la estructura perversa, hay relaciones de otra índole con el cuerpo y sus
goces.
El
recorrido de humanización es decir
de simbolización, va del goce primero, el del origen, a un goce lógicamente segundo,
producto de la introducción del ser en el lenguaje, las leyes y prescripciones
del grupo cultural que pauta la vida en relación con los otros seres hablantes.
Desde
el punto de llegada que implica ese recorrido, retroactivamente caracterizamos
al primero como un goce mítico, absoluto, anterior a toda legalidad. Lo
imaginamos como el goce que suponemos al bebé, con relación a la satisfacción
con el cuerpo de la madre, aún sin discriminar, ni en totalidad, ni en partes
(seno, miradas, olor), goce autoerótico per se, no elegido, sino lógicamente el
único posible, lo llamamos: Goce del ser.
Es
en ese momento mítico, cuando se producirían los primeros impactos del Otro, que
hace con el bebé todo lo que su deseo, su capacidad de gozar y su cuerpo le
permiten, en el momento en que lo acoge a su cuidado. Las marcas que en el
psiquismo se registren constituirán huellas no concientes, jeroglíficos que
serán la materia prima que el aparato psíquico por incorporación del lenguaje,
ordenará en distintos sistemas representativos por sucesión o por semejanza, con
referencia a la experiencia sensible, que también es un artefacto armado
culturalmente, o al conjunto del
sistema simbólico, los juegos de la lengua.
Este
saber ‘cifrado’ por las leyes del inconciente, que deviene de los jeroglíficos
primeros del goce, antes que hubiera un sujeto constituido, puro objeto del goce
de Otro, será el que sufra los avatares de traducción, en distintos momentos
lógicos y de re-acomodación, no
ajenos a otros cambios, los del cuerpo y a las capacidades nuevas de
simbolización: La adquisición del lenguaje y la pubertad son situaciones
paradigmáticas que afectan la organización del sistema psíquico, en su aspecto
económico – relación de fuerzas- y dinámico – confrontación y conflicto
intrasistémico.
A
instancias del sistema tópicamente descripto como ‘Yo’, encargado de las
relaciones con el Otro, y organizador de las defensas contra los excesos del
goce, el mecanismo de represión, opera a favor del Principio de
Placer-displacer, imponiendo una medida al goce dentro de
La
condición de posibilidad de este sistema de desciframiento, canalización y
camuflaje del goce, que llamamos
Inconciente, es el lenguaje.
Con
las palabras, los sonidos, los dichos, los nombres, las pausas y relaciones
lingüísticas, a las que antes nos referíamos, se van a armar las ‘formaciones
del inconciente’, ropajes apalabrados que transportan las marcas del goce, con
la misma eficacia que las moléculas de oxígeno atrapan el hierro que necesitamos
para no desfallecer anémicos.
El
deseo inconciente, encripta la molécula de goce, sin la cual, nuestros
anhelos, serían puro espejismo, pretensiones anémicas, sin la consistencia real
del objeto que empuja acéfalo a la satisfacción de lo imposible: el retorno al
goce del ser, al origen, a
Será entonces
Este
efecto de
Castración quiere decir todo ser que habla está sujeto a
¿Qué pasa clínicamente cuando se goza fuera
de
1.
Hay una
interrupción o cortocircuito de la dialéctica intersubjetiva.
2.
Hay una
compulsión gozadora sin regulación o medida, que arrasa la
subjetividad.
3.
El organismo,
como un testigo involuntario del delito, rinde cuentas, labra actas, denuncia, y
pone un último límite, que puede colaborar para reintroducir al sujeto a la vida
apalabrada con los otros (angustia, consulta médica, llamado a los otros, ayuda,
cambios de conducta, etc.) o dice: No va más.
Entonces,
por un lado, estarían los goces fuera del cuerpo, parciales, los transportados
por el lenguaje y la relación con el otro: goce fálico; y por otro, ciertos
retornos de goce que intentan reproducir el encuentro autoerótico, absoluto, con
prescindencia de los intercambios con el Otro, son goces ‘a-dictos’ o
‘indictos’.
Los ‘goces indictos’:
. Disuelven la subjetividad
. son ajenos a la vida de
relación
. Extra-discursivos
. Reducen el cuerpo a la existencia puramente
orgánica
Entre ellos, las adicciones, el alcoholismo, la
lesión orgánica, los intentos de suicidios, son pasibles de ser descifrados, en
el trabajo de interpretación, en la
construcción particular de
la historia subjetiva y de la coyuntura en que aparecen, pasando por el lazo social que implican
el discurso médico en la relación médico-paciente y la transferencia como
instrumento del discurso del psicoanálisis.
El ‘volver a nacer’ que representa en muchos casos la recuperación de una
grave lesión orgánica, también implica al trabajo psíquico de transportar un
goce que se reinstaló en el cuerpo, al mundo de las palabras, a la
intersubjetividad, a la vida, es decir a las nuevas búsquedas y desencuentros.
1 Líneas generales de
2 Braunstein, Néstor, El goce. Un concepto lacaniano. Buenos Aires, Siglo XXI, 2006.