"CRÍTICA AL CONCEPTO DE 'MEDICINA PRIMITIVA' "

CRÍTICA AL CONCEPTO DE 'MEDICINA PRIMITIVA' *

 

A propósito de algunas noticias en el ámbito de la asistencia médica, con respecto a la inclusión de miembros de comunidades aborígenes en la atención de pacientes pertenecientes a la comunidad mapuche, en la provincia de Buenos Aires, se hace necesario contextualizar la arraigada consideración  de estas prácticas 'primitivas'.  Que son ciertamente primeras, no ofrece dudas, pero tal nominación no obedece sólamente a un reconocimiento de antigüedad, sino fundamentalmente a una categorización peyorativa, que es necesario cuestionar para facilitar la difusión y profundización de esta experiencia intercultural, en el campo de la medicina.  
El trabajo que sigue, es una monografía que presenté hace unos años, cuando cursaba la materia Historia de la Medicina, en la Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
 
Lic. Diana Braceras


INTRODUCCIÓN

            La idea principal de este trabajo es cuestionar la designación y caracterización ideológica con que los textos de Historia de la Medicina, imponen  la clasificación de 'medicina primitiva'.

            Particularmente tomaremos como guía de tal concepción los párrafos de José Babini, pionero en el desarrollo de la Historia de la Ciencia en América Latina, miembro de la Academia Internacional de Historia de la Ciencia y de la Comisión Internacional de Historia de la Matemática. Su obra, Historia de la Medicina, editada por primera vez en 1980, continúa siendo considerada un material útil de lectura para el investigador en ese campo. Su importancia está acreditada además, por el conceptuoso prólogo con que anticipa el valor de la obra, el afamado catedrático Pedro Laín Entralgo.

            De tal forma, que tomamos los conceptos vertidos aquí por este autor, como paradigma del pensamiento médico referido a esta temática y no porque sea un objetivo de esta monografía una crítica particular al autor, por otra parte merecedor sin duda de otros méritos, pero con el que no compartimos puntualmente estas ideas. 

            Tomaremos en consideración para concretizar estas apreciaciones, referencias a la medicina popular kolla y a la 'cura por la palabra' que implica en nuestra actualidad, otro saber no incluido en las Ciencias médicas: el psicoanálisis, con un reconocido nivel de rigurosidad epistemológica y desarrollo teórico.

            La importancia de señalar este aspecto aparentemente intrascendente del estudio de la historia de la medicina, al menos, radica  en la necesidad muy actual de registrar y de rechazar todo pensamiento afín a las formas del racismo, hoy nuevamente floreciente en nuestro muy cientificista y tecnocrático  mundo globalizado.

DESARROLLO

I. Medicina Científica o Barbarie

            "Entendemos por medicina no científica las formas que adopta el arte de curar cuando no se funda exclusivamente en la concepción de la enfermedad como un fenómeno natural, como un fenómeno cuyo origen el hombre advierte en el propio cuerpo o en el mundo de las cosas que lo rodean.

            Cabe distinguir en ella:

a)      la medicina de los pueblos primitivos, actuales o no, de fondo mágico o mágico-religioso;

b)      la medicina arcaica de índole precientífica, anterior cronológicamente, a la medicina científica o no, pero con algunos rasgos comunes con ésta; y

c)      la falsa medicina, en cierto sentido eterna, que se nutre de supersticiones o de restos de folklore médico. " (1)

Más adelante, Babini aclara:

"La medicina primitiva debe encuadrarse en la mentalidad y en el mundo del primitivo; en un mundo donde la colectividad y el individuo están rígidamente unidos en una estructura que las prácticas mágicas refuerzan y consolidan. En este mundo el hechicero, el brujo, el chamán, el medicine man de los astrólogos ingleses, es algo diferente de nuestro médico, es alguien que se asemeja más a un sacerdote a quien el enfermo se entrega totalmente, como el creyente a su confesor.

La medicina que ahora entra en juego, una medicina mágica o mágico-religiosa, no se funda en la posesión de conocimientos, sino en una participación total del enfermo y del médico-brujo en las cosas en las que reside el mal y a las que el médico está en condiciones de combatir y destruir. La magia preside el acto curativo. El diagnóstico surge de actos de adivinación, de sueños, de estados de trance, de consultas astrológicas, más allá de toda experiencia. " [ ] "Tales son las notas generales de la medicina mágica totalmente difundida entre los pueblos primitivos; su permanencia, y sin duda su éxito, no son fáciles de explicar." (2)

Es curiosa la insistencia en este tipo de enunciados, cuando varias décadas antes ya la rigurosa obra de Lévi-Strauss, echaba por tierra la jerarquización claramente etnocentrista de 'culturas primitivas', alocución reservada para pueblos no europeos y de economías no capitalistas, preferentemente de Sud América y del continente africano.

            La introducción de la lógica evolucionista que acompaña ideológicamente el exterminio de los pueblos indígenas en nuestro territorio, funcionó a manera de justificación 'natural', del triunfo del 'progreso' científico sobre la cultura de las razas 'inferiores'. Esta verdadera operación política, en el contexto del racionalismo y el utilitarismo dominantes, legitimaba la conquista, la aculturación y la destrucción del acervo cultural milenario, en una muy poco saludable historia de invasión y latrocinio.

             Esta línea de análisis, es poco frecuentada en el campo de las Ciencias Médicas, pero ya tiene un importante desarrollo en Ciencias Sociales:

            "La anteposición de las expectativas políticas a toda consideración teórica en el discurso político, es decir el uso de la ciencia con fines legitimadores de las propias posiciones y decisiones, sin embargo, no resulta tan notable en el terreno de las Ciencias Biológicas y de la antropología como en el campo de las Ciencias Sociales: La Geografía y la Historia. La necesidad política de construir una imagen territorial de la nación, es decir de operar la apropiación intelectual del territorio previamente o paralelamente a su apropiación material, legitimó políticamente - en un juego de seducción mutua entre 'el poder material de las armas' y 'el prestigio y los adelantos de la ciencia' - la realización de viajes y mapas. " (3) 

II . La Medicina Kolla

La medicina tradicional de los grupos étnicos que poblaron nuestro territorio, por milenios, antes de la conquista, sucumbió con la extinción de esos pueblos, pero conservamos algunos de sus rasgos transmitidos en el Noroeste argentino, fundamentalmente por la etnia 'kolla', producto del mestizaje de grupos aborígenes influenciados por las corrientes inmigratorias de los últimos siglos.

La riqueza y complejidad de la lengua quechua, su relación con lo sagrado reglamentado por ritos y protegido por prohibiciones, sostiene un sistema de ficciones propias respecto a la vida, a la enfermedad y a la muerte que se diferencia notable­mente de las teorías médicas actuales de la civilización occidental. En ellas estamos inmersos confiriéndoles un carácter natural, universal y permanente, expulsivo de todo otro sistema que como el aborigen, resulta degradado a las categorías de inferior,  ineficaz y aun ingenuo. Nos jactamos de haber superado aquello que ignoramos.

Más allá de una lucha de puro prestigio, el saber desarrollado por culturas tradicionales, ha provisto a la industria farmacéutica mundial los descubrimientos más reconocidos 'científicamente': por ejemplo, la aspirina (ácido acetilsalicílico extraído por los indios de la corteza del sauce criollo, Salix humbolteana); los principios activos de la penicilina que obtenían del fermento del plátano verde (moho del untu del maíz); de la terramicina, utilizada en cataplasmas de barro fermentado; la quina (Cinchona calisaya) autóctona del Tahuantisuyu, cuya aplicación específica frente al paludismo y las fiebres se estableció aproximadamente en 1635, sólo por mencionar unos pocos ejemplos.

El conocimiento de hierbas medicinales, compuestos orgánicos y minerales aplicados en las curaciones aborígenes, habían alcanzado efectivamente un gran nivel de especialización antes de la llegada de la cultura europea. Los principios activos de los medicamentos de aquella medicina autóctona son sintetizados hoy por los labora­torios que industrializan aquel saber aborigen transmitido oralmente de generación en generación por los célebres herbolarios y curanderos, que como los callawayas (médi­cos adivinos) respondían con su vida por la de sus pacientes.

El consagrado valor terapéutico de esos remedios tradicionales y diversas terapias físicas que hoy conocemos como técnicas kinesiológicas y de masoterapia, están insertos en un sistema simbólico cuya validez epistemológica se corrobora por la coherencia y adecuación de sus conceptos, métodos y técnicas.

Acercándonos con menos prejuicios etnocéntricos, reconocemos que la noseo­logía tradicional está afincada, como la medicina científica, no en manifestaciones clínicas sintomáticas aisladas, sino que se funda etiológicamente según la concepción del origen de cada enfermedad. Este punto de vista estructural la aproxima más al psicoanálisis que a la psiquiatría.

Ante un mismo cuadro sintomático el curandero, aplicando sus métodos diag­nósticos, diferencia si se trata de una etiología incluida en su sistema simbólico y por ende resulta tratable según su terapéutica o se trata de una de las 'enfermedades de Dios', cuyo tratamiento corresponde a los doctores del hospital. Evidentemente, Dios no es aborigen y trajo sus propias enfermedades a la América india: cada medicina cura lo que ella misma produce.

La medicina étnica, no científica, tiene para nosotros la extraña particularidad de no excluir al Sujeto, por lo tanto se aproxima al dominio de la ética como el psicoa­nálisis, pero se aleja de él como sistema de creencias, por el lado de la religión.

Acotando coincidencias diversas entre medicina autóctona y psicoanálisis, tradiciones básicamente orales, es la posición respecto a lo real y al saber lo que las diferencia fundamentalmente del campo de la ciencia, cuyo intento es eliminar al Sujeto haciendo coincidir lo real, con el saber.

Las prácticas mágico-curativas de culturas muy antiguas son conocidas como chamanismo en la historia de las religiones. Autores reconocidos, como Mircea Eliade, definen con rigor la especialidad del chamán: el dominio de la técnica arcaica del éxtasis, a la vez mística, mágica y religiosa. Si bien fue primeramente estudiado y descripto como un fenómeno propio de culturas de Asia central y Siberia, luego se comprobó su existencia en Indonesia, Oceanía, África y América, coexistiendo con otras formas de magia y religión. Su especificidad consiste en el trance como medio utilizado por el chamán para que su alma abandone el cuerpo y así poder diagnosticar y curar al enfermo.

Actualmente, la práctica curativa no está libre de influencias de creencias y técnicas devenidas de innovaciones en cada cultura. Sin embargo, los chamanes son “los elegidos”, los únicos que tienen entrada a la zona de lo sagrado: “es el gran especialista del alma humana, sólo él la ‘ve’, porque conoce su ‘forma’ y su destino” (4)

III. La Historia: Orden y exclusiones

Lo normal y lo patológico no constituyeron los conceptos organizativos de las categorías fundamentales de la medicina occidental durante milenios. Con anterioridad al siglo XVIII se consideraba que era dominio del demonio lo que movilizaba al cuerpo y al alma (imaginación, nervios, humores, sentidos) con la capacidad de propagación de un cuerpo a otro. En la articulación del alma y el cuerpo se fijaba la posibilidad de captación de lo demoníaco, gobernando el acceso a la verdad y posibilitando el error: la enfermedad era un instrumento del demonio.

No existe un ámbito que pertenezca de pleno derecho y de modo universal a la medicina: cada cultura define el particular ámbito de los sufrimientos, anomalías, desviaciones, perturbaciones funcionales y trastornos. La enfermedad es aquello que se encuentra práctica o teóricamente medicalizado en una época determinada y en una sociedad concreta.

La historia de la ciencia en Occidente no es una cronología de descubrimientos y superación de errores del pasado, su transformación depende de reglas devenidas de sus condiciones de existencia según sus leyes de funcionamiento.

Existe una línea continua que va desde la crítica religiosa a la reducción patoló­gica: fue la propia iglesia quien exigió al pensamiento médico este positivismo crítico, cuyo nacimiento y valores escépticos cobran sentido en el interior de conflictos políti­cos y religiosos. La medicina científica no se desarrolló por su propia cuenta en simple oposición a las supersticiones. La historia de los cuerpos en su relación con el poder político. engendra la evolución de la moral.


La medicina, en tanto ciencia de la normalidad de los cuerpos se instaló en el centro de la práctica penal, definiendo normas, exclusión y rechazo de comportamien­tos no adaptados, y estableciendo mecanismos de reparación, mediante intervenciones correctoras de carácter fluctuante entre lo terapéutico y lo punitivo.

“En cada cultura existen sin duda una serie coherente de líneas divisorias: la prohibición del incesto, la delimitación de la locura y, posiblemente algunas exclusio­nes religiosas, no son más que casos concretos. La función de estos actos de demar­cación es ambigua en el sentido estricto del término: desde el momento en el que señalan los límites, abren el espacio a una transgresión siempre posible. Este espa­cio, así circunscripto y a la vez abierto, posee su propia configuración y sus leyes de tal forma que conforma para cada época lo que podría denominarse el ‘sistema de la transgresión’. Este sistema no coincide realmente con lo ilegal o lo criminal, ni con lo revolucionario, ni con lo monstruoso o anormal, ni tampoco con el conjunto compuesto por la suma de todas esas formas de desviación, sino que cada uno de esos términos lo designa al menos tangencialmente y, en ocasiones, permite reflejar en parte ese sistema que es, para todas las desviaciones y para conferirle sentido, su condición misma de posibilidad y de aparición histórica.


La conciencia moderna tiende a otorgar a la distinción entre lo normal y lo patológico el poder de delimitar lo irregular, lo desviado, lo poco razonable, lo ilícito y también lo criminal. Todo lo que se considera extraño recibe, en virtud de esta conciencia, el estatuto de la exclusión cuando se trata de juzgar y de la inclusión cuando se trata de explicar. El conjunto de las dicotomías fundamentales que, en nuestra cultura, distribuyen a ambos lados del límite las conformidades y las desvia­ciones, encuentran así una justificación y la apariencia de un fundamento” (5)

A lo largo de la historia de la medicina, lo que se ha modificado es la relación entre lo excluido y lo incluido, lo aceptado y lo rechazado. Pero estas operaciones no son privativas de una disciplina ni de una sociedad determinada. La obra de Lévi-Strauss derriba de un modo particular la apariencia de fundamentos distintos entre 'pensamiento científico' y 'pensamiento primitivo', a tal punto que señala en los ritos y creencias mágicas verdaderas anticipaciones a la ciencia misma y a métodos o resultados que ésta incluirá tardíamente en la sistematización de sus dominios.

“... --como la explicación científica corresponde siempre al descubrimiento de un ‘ordenamiento’-- todo intento de este tipo aun cuando esté inspirado por principios que no sean científicos, puede encontrar verdaderos ordenamientos. Inclusive esto es previsible si se admite que, ‘por definición’, el número de las estructuras es finito: la ‘puesta en estructura’ poseería entonces una eficacia intrínseca, cualesquiera que sean los principios y los métodos en que se inspira”(6)

Esta homogeneización la extiende también al arte, según desarrollos que Lévi-Strauss toma en su recorrido: “Simpson ha mostrado que la existencia de organiza­ción es una necesidad común al arte y a la ciencia y que, por consecuencia ‘la taxono­mía, que es el poner en orden por excelencia, posee un eminente valor estético’(7). Entonces se sorprende uno menos de que el sentido estético abandonado a sus solas fuerzas, pueda abrirle el camino a la taxonomía y aun anticiparse a algunos de sus resultados”. (8)

IV.  Las Medicinas en Escena

Efectivamente fue el ámbito de la estética el que inspiró a Freud para la locali­zación de lo siniestro y el efecto de desfallecimiento del sujeto, punto de emergencia de la angustia, la locura y hasta la muerte (pasaje al acto: suicidio).

Así como Freud descarta una naturaleza de lo siniestro y trata de dar cuenta de la estructura que condiciona la escena donde algo queda ubicado en ese lugar, desen­cadenando los efectos de angustia y espanto. Así Lévi-Strauss privilegia el mundo simbólico de los signos entre el mundo real y el pensamiento que lo recorta como objeto de estudio:

“... el sabio nunca dialoga con la naturaleza pura, sino con un determinado estado de la relación entre la naturaleza y la cultura, definido por el período de la historia en el que vive, la civilización que es la suya y los medios materiales de que dispone. Al igual que bricoleur, en presencia de una tarea dada, no puede hacer lo que le dé la gana; también él tendrá que comenzar por inventariar un conjunto predetermi­nado de conocimientos teóricos y prácticos, de medios técnicos, que registren las soluciones posibles” (9).

Radicalizando esta línea de pensamiento, nos encontramos con la imposibilidad estructural de una relación simple y directa entre sujeto y objeto de conocimiento. El ‘mundo’ material, como real externo a lo simbólico está perdido para el sujeto hablan­te, sólo puede encontrarse con él con la condición de incluirlo en el mundo humano, sometido a las leyes del lenguaje y ya no será el mismo; será por así decirlo, un mundo de segunda mano, una ordenación de retazos más o menos creativa en “ince­sante reconstrucción con ayuda de los mismos materiales, son siempre fines antiguos los que habrán de desempeñar el papel de medios: los significados que se truecan en significantes y a la inversa” (10).

Ésta definición es de Lévi-Strauss para el 'bricolage', idea con la que describe el pensamiento mítico, y que Lacan retomará en su Seminario de La Angustia.

Esta dimensión de pérdida respecto al 'objeto del mundo' aparece en el análi­sis estructuralista clásico con la idea de 'modelo reducido', que supone siempre la renuncia a determinadas dimensiones del objeto, la ilusión de que lo construido abarca la totalidad del mismo y un plus suplementario: “la virtud intrínseca del modelo reducido es la de que compensa la renuncia a las dimensiones sensibles con la adquisición de dimensiones inteligibles” (11)

Entre el orden de la estructura y el orden del acontecimiento, Lévi-Strauss aborda la diferencia entre ciencia y magia, situando al arte a mitad de camino. Sin embargo esta diferencia se borra si pensamos que la escena donde se aprehenden los acontecimientos,  está sostenida por la estructura misma, en ese equilibrio precario y constantemente amenazado por la irrupción contingente de un real, que siniestramen­te acecha los límites de lo pensable e imaginable.

           

Lacán reserva para el psicoanálisis, la tarea de construir lo que hace posible que haya un escenario para el despliegue de las diferentes escenas o historias parti­culares con que disciplina, sociedades y sujetos tratan de velar y develar el resto inasimilable que los causa.

Siguiendo a Lacan, ubicaremos nuestro tema contextuado en la cosmogonía de una cultura con raíces milenarias de pueblos precolombinos de la Puna, en la dimen­sión de una 'escena' del mundo: “... ese lugar donde las cosas -aún cuando fueran las cosas del mundo-, donde todas las cosas del mundo vienen a decirse, a ponerse en escena según las leyes del significante, a las que de ninguna manera podríamos considerar de entrada como homogéneas a las leyes del mundo...” (12)

En esta dimensión de la historia como puesta en escena, hilvanamos una historia con sus fechas, con sus dioses, con sus enfermedades, sus miedos y sus ritos. El rito es a su vez una puesta en escena: una representación sobre la escena de la historia, que crea una 'realidad' aceptada por quienes lo comparten y sostienen. Esta 'escena sobre la escena', está en íntima relación con lo fantástico. La coherencia de las diversas escenas sobre las que se monta el 'mundo', dejando de lado lo fenomenológico, tiene un armado no dependiente de los sentidos o del cerebro, sino que depende del significante y sus leyes en relación con un objeto al que Lacan denomina 'a', formali­zando su función de nombrar un vacío (agujero en lo real). La función del mito trata de esto y en estrecha relación con la angustia.

CONCLUSIÓN

La insistencia en el uso discriminatorio de la clasificación terminológica que cuestionamos, conlleva una clara desvalorización  de ciertas culturas, generalmente sojuzgadas por el poder económico-militar de naciones "blancas", investidas de una calificación de superioridad: En el ámbito de la medicina se repite el esquema dominante: civilización o barbarie, en la fórmula: medicina científica o medicina primitiva.

La medicina 'científica' también arma sus escenas terapéuticas, sus catego­rías y una particular forma de incluir o excluir lo real en su escenario. No deja de remitirnos a otras escenas lejanas, con enigmáticos virus, con seres cromosómicos y neurotransmisores invisibles que son los responsables de nuestras enfermedades o de nuestro bienestar.

El Psicoanálisis, en su escenario, permite el despliegue de los significantes de la historia del paciente y también los pone en relación a la otra escena: la del incon­ciente, el Edipo, el sueño, el trauma.

Cada una de las distintas modalidades de cura, proveerá sus mitos de origen y de fin de la vida, que implantados dentro de su propio mundo simbólico obtendrá el efecto de eficacia y de creencia en los que juega sus objetivos terapéuticos.


NOTAS

(1) Babini, José. Historia de la Medicina. Barcelona, España, Gedisa, 1980. P. 7

(2) Ibid. P. 9

(3) Navarro Floria, Pedro. "Ciencia y discurso político sobre la frontera sur argentina en la segunda mitad del siglo XIX" en Patagonia ciencia y conquista. General Roca, Río Negro, Argentina. Publifadecs, Departamento de Publicaciones de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional del Comahue. 2004. P. 167

(4)Eliades, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. México, Fondo de Cultura Económica. 1992. P. 25.

(5)Foucault, Michel. La vida de los hombres infames. Ensayos sobre desviación y dominación.  Montevideo, Uruguay, Nordam Comunidad 1992. P. 13-14.

(6) Lévi-Strauss, Claude. El pensamiento salvaje. México, Fondo de Cultura Económica. 1975. P. 28.

(7) La referencia en es: G.G. Simpson. Principles of Animal Taxonomy. New York, 1961.

(8) Lévi-Strauss, Claude. Obra citada. P. 30

(9) Íbid. P. 39.

(10) Íbid.  P. 41.

(11) Íbid. P. 46.

(12) Lacan, Jaques. El Seminario, libro X, La Angustia, Inédito. Versión traducida por la Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1987.



* Trabajo monográfico realizado en el contexto de la Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en la materia Historia de la Medicina.