INTRODUCCIÓN
La idea
principal de este trabajo es cuestionar la designación y caracterización
ideológica con que los textos de Historia de
Particularmente tomaremos como guía de tal concepción los párrafos de
José Babini, pionero en el desarrollo de
De tal forma, que tomamos los conceptos vertidos aquí por este autor,
como paradigma del pensamiento médico referido a esta temática y no porque sea
un objetivo de esta monografía una crítica particular al autor, por otra parte
merecedor sin duda de otros méritos, pero con el que no compartimos puntualmente
estas ideas.
Tomaremos en consideración para concretizar estas apreciaciones,
referencias a la medicina popular kolla y a la 'cura por la palabra' que implica
en nuestra actualidad, otro saber no incluido en las Ciencias médicas: el
psicoanálisis, con un reconocido nivel de rigurosidad epistemológica y
desarrollo teórico.
La importancia de señalar este aspecto aparentemente intrascendente del
estudio de la historia de la medicina, al menos, radica en la necesidad muy actual de registrar
y de rechazar todo pensamiento afín a las formas del racismo, hoy nuevamente
floreciente en nuestro muy cientificista y tecnocrático
mundo globalizado.
DESARROLLO
I. Medicina Científica o
Barbarie
"Entendemos por medicina no científica las formas que adopta el arte de
curar cuando no se funda exclusivamente en la concepción de la enfermedad como
un fenómeno natural, como un fenómeno cuyo origen el hombre advierte en el
propio cuerpo o en el mundo de las cosas que lo rodean.
Cabe distinguir en ella:
a) la
medicina de los pueblos primitivos, actuales o no, de fondo mágico o
mágico-religioso;
b) la
medicina arcaica de índole precientífica, anterior cronológicamente, a la
medicina científica o no, pero con algunos rasgos comunes con ésta;
y
c) la
falsa medicina, en cierto sentido eterna, que se nutre de supersticiones o de
restos de folklore médico. " (1)
Más adelante, Babini aclara:
"La medicina primitiva debe encuadrarse en la
mentalidad y en el mundo del primitivo; en un mundo donde la colectividad y el
individuo están rígidamente unidos en una estructura que las prácticas mágicas
refuerzan y consolidan. En este mundo el hechicero, el brujo, el chamán, el medicine man de los astrólogos ingleses,
es algo diferente de nuestro médico, es alguien que se asemeja más a un
sacerdote a quien el enfermo se entrega totalmente, como el creyente a su
confesor.
La medicina que ahora entra en juego, una
medicina mágica o mágico-religiosa, no se funda en la posesión de conocimientos,
sino en una participación total del enfermo y del médico-brujo en las cosas en
las que reside el mal y a las que el médico está en condiciones de combatir y
destruir. La magia preside el acto curativo. El diagnóstico surge de actos de
adivinación, de sueños, de estados de trance, de consultas astrológicas, más
allá de toda experiencia. " [ ] "Tales son las notas generales de la medicina
mágica totalmente difundida entre los pueblos primitivos; su permanencia, y sin
duda su éxito, no son fáciles de explicar." (2)
Es curiosa la insistencia en
este tipo de enunciados, cuando varias décadas antes ya la rigurosa obra de
Lévi-Strauss, echaba por tierra la jerarquización claramente etnocentrista de
'culturas primitivas', alocución reservada para pueblos no europeos y de
economías no capitalistas, preferentemente de Sud América y del continente
africano.
La introducción de la lógica evolucionista que acompaña ideológicamente
el exterminio de los pueblos indígenas en nuestro territorio, funcionó a manera
de justificación 'natural', del triunfo del 'progreso' científico sobre la
cultura de las razas 'inferiores'. Esta verdadera operación política, en el
contexto del racionalismo y el utilitarismo dominantes, legitimaba la conquista,
la aculturación y la destrucción del acervo cultural milenario, en una muy poco
saludable historia de invasión y latrocinio.
Esta línea de análisis, es
poco frecuentada en el campo de las Ciencias Médicas, pero ya tiene un
importante desarrollo en Ciencias Sociales:
"La anteposición de las expectativas políticas a toda consideración
teórica en el discurso político, es decir el uso de la ciencia con fines
legitimadores de las propias posiciones y decisiones, sin embargo, no resulta
tan notable en el terreno de las Ciencias Biológicas y de la antropología como
en el campo de las Ciencias Sociales:
II .
La medicina tradicional de los grupos étnicos que poblaron nuestro territorio, por milenios, antes de la conquista, sucumbió con la extinción de esos pueblos, pero conservamos algunos de sus rasgos transmitidos en el Noroeste argentino, fundamentalmente por la etnia 'kolla', producto del mestizaje de grupos aborígenes influenciados por las corrientes inmigratorias de los últimos siglos.
La riqueza y complejidad de la
lengua quechua, su relación con lo sagrado reglamentado por ritos y protegido
por prohibiciones, sostiene un sistema de ficciones propias respecto a la vida,
a la enfermedad y a la muerte que se diferencia notablemente de las teorías
médicas actuales de la civilización occidental. En ellas estamos inmersos
confiriéndoles un carácter natural, universal y permanente, expulsivo de todo
otro sistema que como el aborigen, resulta degradado a las categorías de
inferior, ineficaz y aun ingenuo.
Nos jactamos de haber superado aquello que ignoramos.
Más allá de una lucha de puro
prestigio, el saber desarrollado por culturas tradicionales, ha provisto a la
industria farmacéutica mundial los descubrimientos más reconocidos
'científicamente': por ejemplo, la aspirina (ácido acetilsalicílico extraído por
los indios de la corteza del sauce criollo, Salix
humbolteana); los principios
activos de la penicilina que obtenían del fermento del plátano verde (moho del
untu del maíz); de la terramicina, utilizada en cataplasmas de barro fermentado;
la quina (Cinchona calisaya)
autóctona del Tahuantisuyu, cuya aplicación específica frente al paludismo y las
fiebres se estableció aproximadamente en 1635, sólo por mencionar unos pocos
ejemplos.
El conocimiento de hierbas
medicinales, compuestos orgánicos y minerales aplicados en las curaciones
aborígenes, habían alcanzado efectivamente un gran nivel de especialización
antes de la llegada de la cultura europea. Los principios activos de los
medicamentos de aquella medicina autóctona son sintetizados hoy por los
laboratorios que industrializan aquel saber aborigen transmitido oralmente
de generación en generación por los célebres herbolarios y curanderos, que como
los callawayas (médicos
adivinos) respondían con su vida por la de sus pacientes.
El consagrado valor terapéutico
de esos remedios tradicionales y diversas terapias físicas que hoy conocemos
como técnicas kinesiológicas y de masoterapia, están insertos en un sistema
simbólico cuya validez epistemológica se corrobora por la coherencia y
adecuación de sus conceptos, métodos y técnicas.
Acercándonos con menos
prejuicios etnocéntricos, reconocemos que la noseología tradicional está
afincada, como la medicina científica, no en manifestaciones clínicas
sintomáticas aisladas, sino que se funda etiológicamente según la concepción del
origen de cada enfermedad. Este punto de vista estructural la aproxima más al
psicoanálisis que a la psiquiatría.
Ante un mismo cuadro sintomático
el curandero, aplicando sus métodos diagnósticos, diferencia si se trata de
una etiología incluida en su sistema simbólico y por ende resulta tratable según
su terapéutica o se trata de una de las 'enfermedades de Dios', cuyo tratamiento
corresponde a los doctores del hospital. Evidentemente, Dios no es aborigen y
trajo sus propias enfermedades a
La medicina étnica, no
científica, tiene para nosotros la extraña particularidad de no excluir al
Sujeto, por lo tanto se aproxima al dominio de la ética como el
psicoanálisis, pero se aleja de él como sistema de creencias, por el lado
de la religión.
Acotando coincidencias diversas
entre medicina autóctona y psicoanálisis, tradiciones básicamente orales, es la
posición respecto a lo real y al saber lo que las diferencia fundamentalmente
del campo de la ciencia, cuyo intento es eliminar al Sujeto haciendo coincidir
lo real, con el saber.
Las prácticas mágico-curativas de culturas muy antiguas son conocidas como chamanismo en la historia de las religiones. Autores reconocidos, como Mircea Eliade, definen con rigor la especialidad del chamán: el dominio de la técnica arcaica del éxtasis, a la vez mística, mágica y religiosa. Si bien fue primeramente estudiado y descripto como un fenómeno propio de culturas de Asia central y Siberia, luego se comprobó su existencia en Indonesia, Oceanía, África y América, coexistiendo con otras formas de magia y religión. Su especificidad consiste en el trance como medio utilizado por el chamán para que su alma abandone el cuerpo y así poder diagnosticar y curar al enfermo.
Actualmente, la práctica
curativa no está libre de influencias de creencias y técnicas devenidas de
innovaciones en cada cultura. Sin embargo, los chamanes son “los elegidos”, los
únicos que tienen entrada a la zona de lo sagrado: “es el gran especialista del
alma humana, sólo él la ‘ve’, porque conoce su ‘forma’ y su destino” (4)
III.
Lo normal y lo patológico no
constituyeron los conceptos organizativos de las categorías fundamentales de la
medicina occidental durante milenios. Con anterioridad al siglo XVIII se
consideraba que era dominio del demonio lo que movilizaba al cuerpo y al alma
(imaginación, nervios, humores, sentidos) con la capacidad de propagación de un
cuerpo a otro. En la articulación del alma y el cuerpo se fijaba la posibilidad
de captación de lo demoníaco, gobernando el acceso a la verdad y posibilitando
el error: la enfermedad era un instrumento del demonio.
No existe un ámbito que
pertenezca de pleno derecho y de modo universal a la medicina: cada cultura
define el particular ámbito de los sufrimientos, anomalías, desviaciones,
perturbaciones funcionales y trastornos. La enfermedad es aquello que se
encuentra práctica o teóricamente medicalizado en una época determinada y en una
sociedad concreta.
La historia de la ciencia en
Occidente no es una cronología de descubrimientos y superación de errores del
pasado, su transformación depende de reglas devenidas de sus condiciones de
existencia según sus leyes de funcionamiento.
Existe una línea continua que va
desde la crítica religiosa a la reducción patológica: fue la propia iglesia
quien exigió al pensamiento médico este positivismo crítico, cuyo nacimiento y
valores escépticos cobran sentido en el interior de conflictos políticos y
religiosos. La medicina científica no se desarrolló por su propia cuenta en
simple oposición a las supersticiones. La historia de los cuerpos en su relación
con el poder político. engendra la evolución de la
moral.
La medicina, en tanto ciencia de
la normalidad de los cuerpos se instaló en el centro de la práctica penal,
definiendo normas, exclusión y rechazo de comportamientos no adaptados, y
estableciendo mecanismos de reparación, mediante intervenciones correctoras de
carácter fluctuante entre lo terapéutico y lo punitivo.
“En cada cultura existen sin
duda una serie coherente de líneas divisorias: la prohibición del incesto, la
delimitación de la locura y, posiblemente algunas exclusiones religiosas,
no son más que casos concretos. La función de estos actos de demarcación es
ambigua en el sentido estricto del término: desde el momento en el que señalan
los límites, abren el espacio a una transgresión siempre posible. Este
espacio, así circunscripto y a la vez abierto, posee su propia
configuración y sus leyes de tal forma que conforma para cada época lo que
podría denominarse el ‘sistema de la transgresión’. Este sistema no coincide
realmente con lo ilegal o lo criminal, ni con lo revolucionario, ni con lo
monstruoso o anormal, ni tampoco con el conjunto compuesto por la suma de todas
esas formas de desviación, sino que cada uno de esos términos lo designa al
menos tangencialmente y, en ocasiones, permite reflejar en parte ese sistema que
es, para todas las desviaciones y para conferirle sentido, su condición misma de
posibilidad y de aparición histórica.
La conciencia moderna tiende a
otorgar a la distinción entre lo normal y lo patológico el poder de delimitar lo
irregular, lo desviado, lo poco razonable, lo ilícito y también lo criminal.
Todo lo que se considera extraño recibe, en virtud de esta conciencia, el
estatuto de la exclusión cuando se trata de juzgar y de la inclusión cuando se
trata de explicar. El conjunto de las dicotomías fundamentales que, en nuestra
cultura, distribuyen a ambos lados del límite las conformidades y las
desviaciones, encuentran así una justificación y la apariencia de un
fundamento” (5)
A lo largo de la historia de la
medicina, lo que se ha modificado es la relación entre lo excluido y lo
incluido, lo aceptado y lo rechazado. Pero estas operaciones no son privativas
de una disciplina ni de una sociedad determinada. La obra de Lévi-Strauss
derriba de un modo particular la apariencia de fundamentos distintos entre
'pensamiento científico' y 'pensamiento primitivo', a tal punto que señala en
los ritos y creencias mágicas verdaderas anticipaciones a la ciencia misma y a
métodos o resultados que ésta incluirá tardíamente en la sistematización de sus
dominios.
“... --como la explicación
científica corresponde siempre al descubrimiento de un ‘ordenamiento’-- todo
intento de este tipo aun cuando esté inspirado por principios que no sean
científicos, puede encontrar verdaderos ordenamientos. Inclusive esto es
previsible si se admite que, ‘por definición’, el número de las estructuras es
finito: la ‘puesta en estructura’ poseería entonces una eficacia intrínseca,
cualesquiera que sean los principios y los métodos en que se inspira”(6)
Esta homogeneización la extiende también al
arte, según desarrollos que Lévi-Strauss toma en su recorrido: “Simpson ha
mostrado que la existencia de organización es una necesidad común al arte y
a la ciencia y que, por consecuencia ‘la taxonomía, que es el poner en
orden por excelencia, posee un eminente valor estético’(7). Entonces se
sorprende uno menos de que el sentido estético abandonado a sus solas fuerzas,
pueda abrirle el camino a la taxonomía y aun anticiparse a algunos de sus
resultados”. (8)
IV. Las Medicinas en Escena
Efectivamente fue el ámbito de
la estética el que inspiró a Freud para la localización de lo siniestro y
el efecto de desfallecimiento del sujeto, punto de emergencia de la angustia, la
locura y hasta la muerte (pasaje al acto: suicidio).
Así como
Freud descarta una naturaleza de lo siniestro y trata de dar cuenta de la
estructura que condiciona la escena donde algo queda ubicado en ese lugar,
desencadenando los efectos de angustia y espanto. Así Lévi-Strauss
privilegia el mundo simbólico de los signos entre el mundo real y el pensamiento
que lo recorta como objeto de estudio:
“... el sabio nunca dialoga con
la naturaleza pura, sino con un determinado estado de la relación entre la
naturaleza y la cultura, definido por el período de la historia en el que vive,
la civilización que es la suya y los medios materiales de que dispone. Al igual
que bricoleur, en presencia de una
tarea dada, no puede hacer lo que le dé la gana; también él tendrá que comenzar
por inventariar un conjunto predeterminado de conocimientos teóricos y
prácticos, de medios técnicos, que registren las soluciones posibles” (9).
Radicalizando esta línea de
pensamiento, nos encontramos con la imposibilidad estructural de una relación
simple y directa entre sujeto y objeto de conocimiento. El ‘mundo’ material,
como real externo a lo simbólico está perdido para el sujeto hablante, sólo
puede encontrarse con él con la condición de incluirlo en el mundo humano,
sometido a las leyes del lenguaje y ya no será el mismo; será por así decirlo,
un mundo de segunda mano, una ordenación de retazos más o menos creativa en
“incesante reconstrucción con ayuda de los mismos materiales, son siempre
fines antiguos los que habrán de desempeñar el papel de medios: los significados
que se truecan en significantes y a la inversa” (10).
Ésta definición es de
Lévi-Strauss para el 'bricolage',
idea con la que describe el pensamiento mítico, y que Lacan retomará en su Seminario de
Esta dimensión de pérdida
respecto al 'objeto del mundo' aparece en el análisis estructuralista
clásico con la idea de 'modelo reducido', que supone siempre la renuncia a
determinadas dimensiones del objeto, la ilusión de que lo construido abarca la
totalidad del mismo y un plus suplementario: “la virtud intrínseca del modelo
reducido es la de que compensa la renuncia a las dimensiones sensibles con la
adquisición de dimensiones inteligibles” (11)
Entre el orden de la estructura
y el orden del acontecimiento, Lévi-Strauss aborda la diferencia entre ciencia y
magia, situando al arte a mitad de camino. Sin embargo esta diferencia se borra
si pensamos que la escena donde se aprehenden los acontecimientos, está sostenida por la estructura misma,
en ese equilibrio precario y constantemente amenazado por la irrupción
contingente de un real, que siniestramente acecha los límites de lo
pensable e imaginable.
Lacán reserva para el
psicoanálisis, la tarea de construir lo que hace posible que haya un escenario
para el despliegue de las diferentes escenas o historias particulares con
que disciplina, sociedades y sujetos tratan de velar y develar el resto
inasimilable que los causa.
Siguiendo a Lacan, ubicaremos
nuestro tema contextuado en la cosmogonía de una cultura con raíces milenarias
de pueblos precolombinos de
En esta dimensión de la historia
como puesta en escena, hilvanamos una historia con sus fechas, con sus dioses,
con sus enfermedades, sus miedos y sus ritos. El rito es a su vez una puesta en
escena: una representación sobre la escena de la historia, que crea una
'realidad' aceptada por quienes lo comparten y sostienen. Esta 'escena sobre la
escena', está en íntima relación con lo fantástico. La coherencia de las
diversas escenas sobre las que se monta el 'mundo', dejando de lado lo
fenomenológico, tiene un armado no dependiente de los sentidos o del cerebro,
sino que depende del significante y sus leyes en relación con un objeto al que
Lacan denomina 'a', formalizando su función de nombrar un vacío (agujero en
lo real). La función del mito trata de esto y en estrecha relación con la
angustia.
CONCLUSIÓN
La insistencia en el uso
discriminatorio de la clasificación terminológica que cuestionamos, conlleva una
clara desvalorización
de ciertas
culturas, generalmente sojuzgadas por el poder económico-militar de naciones
"blancas", investidas de una calificación de superioridad: En el ámbito de la
medicina se repite el esquema dominante: civilización o barbarie, en la fórmula:
medicina científica o medicina primitiva.
La medicina 'científica' también
arma sus escenas terapéuticas, sus categorías y una particular forma de
incluir o excluir lo real en su escenario. No deja de remitirnos a otras escenas
lejanas, con enigmáticos virus, con seres cromosómicos y neurotransmisores
invisibles que son los responsables de nuestras enfermedades o de nuestro
bienestar.
El Psicoanálisis, en su
escenario, permite el despliegue de los significantes de la historia del
paciente y también los pone en relación a la otra escena: la del
inconciente, el Edipo, el sueño, el trauma.
Cada una de las distintas
modalidades de cura, proveerá sus mitos de origen y de fin de la vida, que
implantados dentro de su propio mundo simbólico obtendrá el efecto de eficacia y
de creencia en los que juega sus objetivos terapéuticos.
NOTAS
(1)
Babini, José. Historia de
(2)
Ibid. P. 9
(3)
Navarro Floria, Pedro. "Ciencia y discurso político sobre la frontera sur
argentina en la segunda mitad del siglo XIX" en Patagonia ciencia y
conquista. General
Roca, Río Negro, Argentina. Publifadecs, Departamento de Publicaciones de la
facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional del Comahue. 2004.
P. 167
(4)Eliades, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. México, Fondo de Cultura Económica. 1992. P. 25.
(5)Foucault, Michel. La vida de los hombres infames. Ensayos sobre desviación y dominación. Montevideo, Uruguay, Nordam Comunidad 1992. P. 13-14.
(6)
Lévi-Strauss, Claude. El pensamiento
salvaje. México, Fondo de Cultura Económica. 1975. P. 28.
(7) La referencia en es: G.G. Simpson. Principles of Animal
Taxonomy. New York,
1961.
(8) Lévi-Strauss, Claude.
Obra citada. P.
30
(9) Íbid. P. 39.
(10)
Íbid. P. 41.
(11) Íbid.
P. 46.
(12) Lacan, Jaques. El Seminario, libro X,
* Trabajo
monográfico realizado en el contexto de