Martín Urtasun (1), Susana B. Etchegoyen (2,3), Diana L. Braceras (2,3), Pedro M. Politi (2,3)
1: Comisión Directiva, Sociedad Argentina de Medicina Interna General (SAMIG); 2: Equipo Interdisciplinario de Oncología, Buenos Aires. 3: Segunda Cátedra de Farmacología, Facultad de Medicina, UBA.
Resumen
La automedicación es una práctica ampliamente extendida en la sociedad, fuertemente estimulada e inducida por un gran dispositivo publicitario en los medios y en la vía pública. La mesa plantea la reflexión sobre los conocidos riesgos de la automedicación , sea con productos de venta libre o de uso bajo prescripción. Teniendo en cuenta que en algunos países, entre 30 y 50% de los casos de falla hepática aguda se asocian con el uso de un fármaco de venta libre, y que los 18.000 específicos de venta libre en la Argentina incluyen numerosos productos de eficacia no probada y/o de riesgo serio bien documentado, se analizará la ausencia de contralor efectivo sobre la publicidad engañosa o que induce a la automedicación , así como la falta de criterios sanitarios para incluir a un fármaco en el listado de venta libre, los mecanismos que opera la publicidad, las medidas tomadas por autoridades sanitarias de otros países, las que se hallan al alcance del médico en su consultorio, y las estrategias desarrollables en lo educativo y en lo legislativo.
Introducción
Con el término “automedicación” designamos el uso de medicamentos sin indicación médica previa. El concepto abarca dos fenómenos distintos aunque relacionados: el uso de medicamentos de venta libre (MVL) y el uso de medicamentos de venta bajo receta (MVBR) sin indicación médica. Algunas fuentes denominan “autoprescripción” al segundo para distinguirlo del uso de MVL, para el que reservan el nombre de “automedicación”.
La consideración de los MVL incluye: beneficios y riesgos; cómo seleccionar las drogas, dosis e indicaciones que tendrán VL; qué información debe acompañar al medicamento; lugar de expendio; propaganda de los MVL.
Por otro lado, el uso de MVBR sin indicación médica es siempre un fenómeno indeseable, del que interesa averiguar la prevalencia, las causas y los modos de corrección o prevención.
Medicamentos de venta libre : los potenciales beneficios y riesgos del uso de MVL pueden clasificarse según el punto de vista que se considere:
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Beneficios |
Riesgos |
Para el paciente
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Mejor acceso a drogas efectivas |
Diagnóstico erróneo, basado en los síntomas (auto-diagnóstico) |
Mayor autonomía |
Retraso en obtener el tratamiento correcto |
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Uso de terapéutica subóptima o inefectiva |
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Uso de dosis excesivas o inadecuadas |
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Interacciones medicamentosas no detectadas |
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Efectos adversos no reconocidos como tales |
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Aumento del gasto de bolsillo del paciente |
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Para el médico
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Menor demanda de consultas, en sistemas con remuneración fija |
Menor demanda de consultas, en sistemas con remuneración por consulta |
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Pérdida de control percibida por el médico |
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Para la sociedad |
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Predominio de un enfoque de mercado por sobre el interés sanitario Aumento de resistencia antibiótica por uso inapropiado Riesgo de accidentes, pérdida de productividad laboral, mayor morbilidad. Riesgo por disponibilidad amplia de medicamentos (paracetamol, aspirina) responsables de toxicidad grave o letal en sobredosis (ej. Tentativa suicida) |
Para el financiador
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Ahorro por menos consultas |
Mayores costos derivados del tratamiento errado, tardío, etc. |
Ahorro por menor cobertura de medicamentos |
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Para la industria
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Aumento de ganancias por mayores ventas Ventaja en la comunicación publicitaria directa con el público, mucho menos informado sobre riesgos y beneficios de un fármaco que los médicos |
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Prolongación de la vigencia de la patente |
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Como puede deducirse de la tabla, un medicamento tendrá una relación beneficio/riesgo favorable para el paciente sólo si los riesgos se mantienen al mínimo, es decir:
El autodiagnóstico es sencillo y no se confunde con otras condiciones más graves.
La eventual demora en el diagnóstico correcto no tiene riesgo significativo.
El tratamiento disponible como MVL es efectivo y óptimo para la condición.
El producto trae adecuada información sobre dosis, interacciones y efectos adversos.
La ventana terapéutica es amplia.
El producto no presenta interacciones medicamentosas importantes.
El producto no presenta efectos adversos serios.
Por otro lado, los beneficios derivados de un mejor acceso al medicamento serán más relevantes:
Los criterios mencionados pueden usarse como guía para analizar las drogas candidatas a venta libre.
Es obvio que el beneficio económico para la industria farmacéutica garantiza una constante presión por expandir el mercado de los medicamentos de venta libre. Esta presión se efectiviza a través de amplias campañas publicitarias en los medios y en la vía pública, en violación directa del artículo 19 de la ley nacional 16.463 (ley de medicamentos, o "ley Oñativia", por su iniciador). Los usuarios, por su parte, se muestran ávidos de consumirlos, ignorando o subestimando los riesgos que corren. Como resultado de estas dos fuerzas coincidentes, el "libre juego del mercado" en este terreno produce menoscabo de la salud de las personas.
Es por lo tanto el Estado, a través de las normativas y de una responsable aplicación de las mismas, es quien tiene la responsabilidad de regular este mercado para garantizar la protección de la salud de los pacientes, incluyendo:
Las obligaciones no son sólo para el Estado: todo el personal de salud y en especial los médicos deben asumir la responsabilidad de educar a la población a su cargo en el uso apropiado de los MVL.
Medicamentos de venta bajo receta utilizados sin indicación médica :
Todos los riesgos descriptos para los medicamentos de venta libre se potencian cuando consideramos al uso de MBVR sin indicación médica.
Si nos limitamos al análisis del modo de conseguir el MVBR podríamos distinguir:
Medicamentos sobrantes de tratamientos previos.
Medicamentos provistos por otras personas.
Medicamentos adquiridos sin receta en las farmacias.
Medicamentos adquiridos con receta de profesionales que no se hacen cargo de la indicación del tratamiento.
En los dos primeros casos la única herramienta a utilizar es la educación de la población para un manejo responsable de los MVBR, enfatizando los riesgos propios de los fármacos y los de demorar el diagnóstico y tratamiento apropiados. La tarea recae nuevamente en el Estado por un lado, y en los profesionales de la salud por otro. Cada receta debe acompañarse con las indicaciones precisas de cuándo, cómo y por cuánto tiempo utilizar la medicación.
La venta sin receta en las farmacias viola la ley, por lo que su control y sanción corresponde al Estado. Es importante también reconocer que la poca accesibilidad a la atención médica puede alimentar este mecanismo, tanto para la solución de problemas agudos como para la provisión de medicamentos de uso crónico. Los profesionales individuales y los sistemas de atención de la salud deben allanar las barreras para la obtención de la receta necesaria.
El último punto señala un problema frecuente: el medicamento se compra con receta médica pero el profesional que la extiende repite la misma a pedido del paciente sin hacerse responsable de la indicación. Así se mantiene el uso crónico de medicamentos –en especial pero no exclusivamente psicofármacos– que no responden a ningún plan terapéutico. Aquí la responsabilidad del cambio recae primariamente en el profesional, incluyendo la investigación del problema, la educación del paciente y el uso responsable de su recetario.