BIOGRAFIA DEL DR. ARTURO OÑATIVIA

Escribe: Dra. María Elena Storani
Médica endocrinóloga, Hospital Central de San Isidro, Prov. de Buenos Aires, Argentina
e-mail: mestorani@fibertel.com.ar



        El doctor Oñativia tuvo una personalidad multifacética. Fue un hombre que no sólo se destacó como médico, docente e investigador, sino también como político. Fue capaz de generar y gestionar, a través de la función pública, obras trascendentes de enorme envergadura y beneficio para la sociedad argentina. Fue un hombre que comprendió que el "bien común" es una causa por la que vale la pena luchar aunque se corra el riesgo de perderlo todo. Tuvo sueños grandes, los supo compartir, sembró su trabajo y cosechó esperanza.

El hombre que venía del norte

        Nació en Salta el 16 de abril de 1914. Cursó la escuela primaria y secundaria en esa ciudad y se recibió de bachiller en 1932. Continuó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, allí obtuvo su doctorado con la calificación de sobresaliente.


El joven médico

        Su actividad médica asistencial comenzó en Clínica Médica en el Hospital Torcuato de Alvear y en 1942 concursó y ganó un cargo como médico endocrinólogo en el Hospital Rivadavia, donde su jefe fue el doctor Enrique del Castillo. Completó su formación de postgrado en endocrinología a través de innumerables cursos de capacitación y de intensos trabajos científicos. También se desempeñó como docente en ese mismo hospital y compartió esta actividad con el doctor Tobias en Clínica Médica y con el doctor del Castillo en Endocrinología.
        Algunos compañeros de hospital recuerdan su destacada capacidad de observación, su prolija minuciosidad en el exámen clínico que realizaba a sus pacientes, sin perder nunca de vista que el enfermo es una persona cuya unidad psicofísica debe ser comprendida en forma integral. Este abordaje pone de manifiesto su profunda formación humanística.
        Como investigador realizó treinta y dos trabajos que fueron publicados en revistas nacionales y extranjeras. Participó, además, de la redacción de libros sobre endocrinología y también en traducciones al castellano de varios libros de la especialidad.


De regreso a Salta

        Durante 15 años, el doctor Oñativia trabajó en distintos centros de salud de Buenos Aires hasta que en 1955, regresó a su Salta natal. Volvió decidido a volcar toda sus capacidad y energía en la creación y en la puesta en marcha del Instituto del Bocio y luego, el de Endocrinología . Toda su labor, junto con los trabajos del doctor Perinetti en Mendoza, fue pionera en la erradicación del bocio endémico en el país.
        Por aquellos años, las estadísticas señalaban niveles altísimos en el impacto del bocio en la población del Noroeste Andino (NOA). En ese momento la prevalencia del cretinismo bocioso era del 41 por ciento, y en algunas regiones, como en el Valle Lema, era del 100 por ciento. Esta enfermedad afectaba de manera definitiva el desarrollo intelectual de las personas en una muy extensa región argentina que abarcaba casi todo el NOA. Eso tenía repercusiones no solo individuales sino sociales: una gran porción de la población de nuestro país estaba virtualmente "condenada" al subdesarrollo intelectual y económico debido a una deficiencia en el tratamiento del bocio.
        Ante perspectivas tan dramáticas, la creación del Instituto del Bocio contó con múltiples apoyos: con el de la población de la región, el de la Universidad de Tucumán, el de los gobiernos de las provincias afectadas y el de la Nación, pero por sobre todo con la inquebrantable fe, perseverancia y la capacidad de trabajo del doctor Oñativia. El Instituto fue modelo hospitalario, por su atención al enfermo, por su producción científica, por la formación de médicos y paramédicos especializados y por la interrelación y la sinergia que se generó con otras instituciones del país y del extranjero.


Como Ministro de Salud Pública

        En 1963, durante el gobierno del doctor Arturo Illia, fue convocado para ejercer el cargo de Ministro de Salud Pública. El ex senador Adolfo Gas, señaló en un discurso de homenaje, realizado en esa Cámara en 1985 para recordar al doctor Oñativia que para éste, "la salud era uno de los hechos primordiales en todos los actos de gobierno".
        Desde ese cargo, Oñativia complementó su tarea de erradicar el cretinismo bocioso a través de la promulgación de la ley 17259 de "Obligatoriedad del uso de la sal enriquecida con yodo como profilaxis del bocio endémico". Con esta ley, se reglamentó el enriquecimiento de la sal con yodo para uso alimentario humano y animal. Esta ley se fundamentó en estudios realizados en diferentes provincias, como Catamarca, Chaco, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, San Juan, San Luis, Salta, Tucumán y Tierra del Fuego, en las que el índice de bocio oscilaba entre el 12 y el 50 por ciento. También se consideró el uso de sal enriquecida para la alimentación animal, ya que al tener la carne un muy alto consumo en nuestro país, era bueno que la sal enriquecida llegar al ser humano a través de esa vía. Además, se detectó que en el ganado lanar, vacuno y porcino, la carencia de yodo alteraba su reproducción y su pelaje, acarreando consecuencias adversas incluso desde el punto de vista económico.
        En 1997, a la ley 17.259 se le agregó una especificación en el artículo 10 que señalaba que las sales producidas con disminución de sodio para el consumo en personas con hipertensión, también debían ser enriquecidas con yodo.


Importantes iniciativas

        Oñativia impulsó toda una serie de iniciativas fundamentales como la ley de Reforma del Sistema Hospitalario Nacional y de Hospitales de la Comunidad, amén de la creación del Servicio Nacional de Agua Potable, que garantizaba la provisión de la misma a las comunidades rurales.
        Asimismo, fue de importancia estratégica la ley de Medicamentos -la 16.462 y 16.463-conocida como ley Oñativia que le daba al medicamento un carácter de "bien Social" al servicio de la Salud Pública y de la Sociedad. Esta ley, promulgada en 1966, reglamentaba un estricto control técnico de las drogas sujetas a la experimentación humana, además del control de precios, según la demanda de las mismas.
        Ahora bien, si se tiene en cuenta que los medicamentos insumen el 50 por ciento del costo total de Salud de la población, y que el 95 por ciento de ese costo está determinado por el valor de insumos, drogas y tecnología de la industria internacional de los medicamentos, entonces se comprende de qué manera esta ley tocó intereses económicos de espectacular magnitud. Algunos historiadores consideran que esta ley fue uno de los ingredientes que llevó al golpe de Estado de 1966. Esta fisura en el orden Institucional hizo que la visión de Oñativia de "poner los medicamentos al servicio de la Sociedad", quedara truncada, ya que esa ley fue derogada inmediatamente tras la caída del gobierno de Illia.


Salta fue la opción

        En ese mismo año (1966), regresó a Salta, desoyendo los consejos y pedidos, que, entre otros, le daba el propio Bernardo Houssay, que al igual que él había pasado por situaciones adversas y, en alguna medida, similares a las que había tenido que atravesar Oñativia. Houssay intentó convencerlo que se quedara en Buenos Aires, para contribuir desde allí a la ciencia médica argentina. Sin embargo, prefirió volver a su provincia sin un centavo en sus bolsillos. Sus amigos coprovincianos, lo recibieron con el mejor homenaje que puede hacérsele a un hombre público, intachable e invalorable: se hizo una suerte de colecta para conseguirle una vivienda y un automóvil a fin de que pudiera ejercer su profesión en su tierra natal.
        Fue perseguido políticamente, calumniado, y dejado cesante en el Instituto del Bocio que él había creado con tanta eficiencia. Sin embargo, continuó trabajando. Sucede que es muy difícil detener a un hombre con una visión y una capacidad de trabajo como la de él. La perspectiva del tiempo demostró que sus detractores sólo lograron poner obstáculos en su camino, pero nadie lo detuvo.
        Una vez encaminado el Instituto del Bocio, su siguiente objetivo fue tratar de resolver en parte, los graves problemas de desnutrición que padecía la población del NOA, lo cual generaba una alta morbimortalidad infantil. Con la misma metodología empleada para la organización del Instituto del Bocio, creó el Instituto de Investigación en Enfermedades Nutricionales, la carrera de Licenciatura en Nutrición, y de Enfermería Universitaria.
        Conjuntamente con la Universidad de Salta y el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se elaboraron alimentos de alto valor nutritivo y de bajo costo para distribuir entre la población de menores recursos.
        Lamentablemente, este proyecto tampoco se prolongó en el tiempo debido a la particular situación política que vivía el país en ese momento.


Mucho más que un maestro y un investigador

        Paralelamente a todas sus actividades, el doctor Oñativia nunca abandonó la docencia. Fue profesor titular de la Cátedra de Problemas Socioeconómicos de la Región del NOA y presidió la Comisión de Factibilidad de la Universidad de Salta.
        Por su gran capacidad analítica, siempre desarrolló en sus proyectos una detallada metodología, documentó sus observaciones clínicas y epidemiológicas, las que se traducían en trabajos científicos e informes técnicos de suma relevancia para el desarrollo de políticas públicas de salud. Fue, además, miembro de la Academia Nacional de Medicina y de la Academia de Medicina de Córdoba.


Epílogo

        El doctor Arturo Oñativia, a pesar de todos los avatares, disfrutó de un gran reconocimiento por parte de la comunidad científica y de la población en general. Recibió innumerables premios, como el otorgado por la Sociedad de Medicina Interna de Buenos Aires al mejor trabajo científico realizado en 1954. Obtuvo el Premio Mariano Castex entregado por la Academia Nacional de Medicina en 1970, el Premio Essex de la Sociedad Argentina de Progresos en Medicina Interna en 1975, el Premio al Mérito Distinguido del Círculo Médico de Salta en 1984, la Medalla de Oro otorgada por el Servicio Nacional de Agua Potable(SNAP) al cumplirse los veinte años de su creación. También la Fundación Konex le entregó en diploma de Honor y el Konex de platino en 1983, en la especialidad de bromatología.
        En 1983, el 3 de abril y a los 69 años de edad, cuando se aprestaba a competir en las elecciones de octubre como candidato a gobernador por Salta, cayó abatido por su enfermedad que le costó la vida.
        Arturo Oñativia representa, en gran medida, lo mejor del ser humano. Simboliza el idealismo, la vocación, la entrega absoluta y desinteresada, el amor verdadero y palpable hacia el otro. Pudo unir, en perfecta armonía, su formación médica con su vocación política y en consecuencia su obra trascendió y sirvió para mejorar los niveles de salud de millones de hombres y mujeres de nuestro país. Aparece, sin duda, como un modelo de generosidad para recordar y exhibir ante las nuevas generaciones de argentinos.


Buenos Aires, diciembre de 2004