Estadísticas de mortalidad por cáncer en la Argentina.
Segunda Parte
Datos comparativos con Latinoamérica y resto del mundo.


Comenta: Dr. Pedro M. Politi, oncólogo clínico.
Equipo Interdisciplinario de Oncología, Buenos Aires.
Correo electrónico: cancerteam@fibertel.com.ar



        En el primer artículo de esta serie sobre estadísticas de mortalidad por cáncer en la Argentina, se presentó la información sobre los sitios tumorales más importantes, relevados por la autoridad sanitaria nacional para los períodos 1993-96 y 1997-2000 (1).

        Esta segunda parte brinda datos comparativos, para poner en perspectiva el tema. Se utiliza la limitada información disponible, publicada hace unos años por la Sociedad Americana de Cáncer (2), a su vez repetida en la página web de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En todos los casos, se trata de cifras de mortalidad específica (expresadas como número de muertes por año, por 100.000 habitantes).


Mortalidad por cáncer de mama

        Como se indicara en el artículo anterior (3) las tasas de mortalidad por cáncer de mama femenino (en el varón, la incidencia es 200-300 veces inferior que en la mujer) reportadas para la Argentina mostraron un incremento sostenido durante más de una década:



        En contraste, los datos de mortalidad anual por cáncer de mama reportados por diversos países de Latinoamérica y del resto del mundo, fueron:



        Se planteó una variedad de hipótesis para explicar la marcada variabilidad de las tasas de mortalidad por cáncer de mama entre las naciones. En general, los países industrializados tienden a registrar tasas de mortalidad superiores a las de otros países. Algunos investigadores han intentado establecer una conexión entre la ingesta promedio de grasas y la incidencia y mortalidad por cáncer de mama. Cabe considerar el efecto de otras causas de muerte, particularmente en naciones menos desarrolladas. Aún en Sudamérica, la mortalidad por cáncer de mama varía ampliamente: es cinco veces superior en Uruguay que en Ecuador.

        La controversia sobre si el rastreo mamográfico de la población femenina de 50 años o más (o según algunos expertos, de 40 años o más) disminuye o no la mortalidad por cáncer de mama todavía no ha podido ser zanjada definitivamente. Un estudio sueco reciente, que evaluó la mortalidad en años previos y posteriores al rastreo rutinario con mamografía, no reveló modificación significativa de la mortalidad. En contraste, la mortalidad por cáncer de mama viene disminuyendo lentamente en los EEUU. Esta tendencia ha sido atribuida a una combinación de diagnóstico más precoz y a la mayor eficacia de los tratamientos disponibles, pero tales aserciones no han sido convincentemente demostradas.

        Actualmente en la Argentina, no hay en vigencia normativas nacionales de tratamiento del cáncer de mama basadas en la evidencia científica. Este paso, junto con medidas que garantizaran la accesibilidad a los medios de diagnóstico y tratamiento consagrados por la comunidad científica internacional, sin duda colaborarían para mejorar la expectativa de curación.


Cáncer de cuello de útero

        Los tumores malignos más frecuentes en el útero son el cáncer de cuello uterino (cérvix) y el de endometrio. Los sarcomas uterinos son infrecuentes. A menudo, los registros son imprecisos, y la categoría "cáncer de útero - no especificado" incorpora un número importante de casos.. Es muy probable que la gran mayoría de estos últimos represente cáncer de cérvix, incorrectamente reportado. En ese caso, la verdadera tasa de mortalidad por cáncer de cuello uterino podría ubicarse en los dos dígitos en buena parte de Latinoamérica.






        Nótese que las tasas de mortalidad por cáncer de cuello de útero suelen ser aproximadamente 10 veces menores que las correspondientes a cáncer de mama, para los países industrializados. En Latinoamérica, lamentablemente, el cáncer de cuello de útero se ubica entre las primeras causas de muerte por cáncer en la mujer, superando eventualmente al cáncer de mama - cuya mortalidad es sustancialmente menor que en América del Norte y Europa. Tal es el caso comunicado, por ejemplo, en Venezuela (5). En Chile, la tasa de mortalidad por cáncer de cérvix iguala a la correspondiente al cáncer de mama.

        Ciertamente, los datos citados pueden haber mejorado en tiempos más recientes. En México, se cita actualmente en los medios de comunicación accesibles por Internet, que la mortalidad por cáncer de cérvix se ubica en 10.4 por año por 100.000 mujeres.

        En realidad, ninguna mujer debería morir por cáncer de cuello uterino, una enfermedad prevenible, en la cual hay una extensa "ventana de oportunidad" para detectar y tratar las lesiones, con muy alta probabilidad de curación, y generalmente, sin comprometer la fertilidad. Existe metodología de detección de lesiones premalignas (y malignas en etapa precoz). La muerte por cáncer de cuello de útero revela que la mujer no ha tenido acceso a la medicina preventiva, según estándares disponibles hoy, relativamente sencillos y económicos en su implementación. Estas muertes evitables deberían llenarnos de vergüenza.

        Es curioso: entre 1999 y 2001, los argentinos tuvimos un ministro de salud que gastó mucho dinero publicitando sus planes de detección precoz de cáncer de cuello uterino y de cáncer de mama. Los efectores de ese "grandioso plan" - hospitales públicos ya sobrecargados de trabajo y muy mal equipados - fallaron. La mortalidad por cáncer de mama y de cuello de útero se incrementó. No se conocen los montos erogados en concepto de este "plan". Los resultados, en cambio, están a la vista.

        Puesta en perspectiva, la situación en la Argentina parece orientada a empeorar aún más en el futuro. El marcado estado de abandono de la salud pública, el colapso de las organizaciones públicas y privadas, consecuencia de medidas económicas y políticas acumuladas a lo largo de las últimas décadas, indica que lo peor aún no ha sucedido, lamentablemente.

        Sin embargo, aún es posible tomar eficaces medidas correctivas. La Argentina no tiene un Plan Nacional de Cáncer, pero podría tenerlo. En realidad, la Argentina tiene un Instituto Nacional de Cáncer, designado por ley en 1988, pero sin presupuesto ... y ciertamente sin logros. Es tiempo de cambios.


Buenos Aires, Febrero 5 de 2003.



Referencias bibliográficas

  1. "Mortalidad por tumores malignos, 1993-1996 y 1997-2000". Boletín Nro 96. Programa Nacional de Estadísticas de Salud. Dirección de Estadísticas en Informaciones de Salud, Ministerio de Salud, República Argentina. Buenos Aires, junio de 2002.
  2. Boring CC, Squires Ts, Tong T, Montgomery S. "Cancer Statistics, 1994".Ca-A Cancer Journal for Clinicians. 44 (1): 7-26, 1994 - Véase la tabla "Cancer Around the World, 1988-1991", págs 22-23.
  3. Politi, PM. Estadísticas de mortalidad por cáncer en la Argentina. Primera parte. En: http://cancerteam.tripod.com/poli111.html
  4. Cancer Facts and Figures, 2002. American Cancer Society. En: www.cancer.org. Accedido: febrero 5, 2003.
  5. Página Web de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela: www.sociedadanticancerosa.org