Por qué no hay pobres en varios hospitales argentinos?

Dr. Pedro M. Politi.
Equipo Interdisciplinario de Oncología
cancerteam@fibertel.com.ar

        La actividad de nuestro equipo brinda excelentes oportunidades para tomar contacto con la realidad sanitaria en diversas regiones del país. Recientemente, en tres áreas geográficas diferentes (conurbano bonaerense, y en ciudades de más de 100.000 habitantes en las zonas centro y noroeste del país), observamos hospitales en condiciones edilicias entre buenas y excelentes, con un interesante nivel de equipamiento, pero con evidente ausencia de pacientes pobres en los corredores y salas. Dónde están los pobres? Por qué no se los encuentra en el hospital, que debiera ser su "refugio seguro" ante la enfermedad? En una cuarta área geográfica en el noroeste, en cambio, el perfil de pacientes internados y en los consultorios externos era consistente con una amplia muestra de los sectores más desfavorecidos.

        En tales momentos, viene a la mente el título del libro "El hombre invisible", un clásico de la literatura sobre los derechos humanos.

        Una interpretación posible, que fue cobrando fuerza durante cada visita, fue que los pobres son excluidos, rechazados o "redirigidos", según el caso. En la zona centro y norte del país, los dos hospitales visitados tienen algo en común: son hospitales "de autogestión" - esa fantasía privatizadora de la salud que pretende que el hospital cobre aranceles a todos (el Estado paga malos sueldos y se desentiende de todo lo posible)... con lo cual, en la práctica, quedan afuera los pobres, ya que el "cupo de indigentes" se agota muy rápidamente.

        En ocasiones, sin embargo, el Estado efectúa algunos desembolsos, puntuales, en equipamiento (una mínima fracción de lo que sería apropiado, habitualmente), pero... el equipamiento pasa a ser "custodiado" y operado por una ONG local o nacional - por supuesto, fuera del "peligroso y no confiable" ámbito del hospital público. Sí, el mamógrafo comprado con fondos públicos es "regenteado" por una ONG. Y si uno es pobre, ay, cuántos trámites para probar lo evidente, cuántas vueltas. Muchos desisten y obtienen de algún modo esos dineros, que pasan a engrosar las arcas de la ONG. A cambio de qué? De cuidar el aparato, por supuesto! Los insumos - nos dicen - los sigue pagando el Estado.

        En otros casos, un especialista debe competir consigo mismo, atendiendo en el hospital a los mismos pacientes que podrían verlo en su consultorio privado (recordemos que los pobres están fuera de la ecuación, y que son los pacientes con cobertura de obra social quienes pueblan ahora esos hospitales). No pasa largo tiempo sin que el especialista considere que sería mejor para sus ingresos si esos pacientes fuesen "redirigidos" a su consultorio. Y eso es lo que algunos hacen, transformando su práctica hospitalaria en una "receptoría" de pacientes para auto-derivar a su propio consultorio privado.

        Otra forma - inesperada - de "redirección de pobres" es la que surge como consecuencia de la implementación de una red de centros periféricos de atención primaria ("salitas", "policonsultorios", o "centros de salud"), en general más cercanos a las áreas más pobres. Buena idea, en principio, pero cómo es que no surgen problemas que requieran atención de mayor complejidad en el hospital? Habrá otro hospital para pobres, escondido "por allí"? No fue el caso en una capital de provincia: el único hospital se regía por el régimen de autogestión (de exclusión, en otras palabras). Se retendrá a los pacientes pobres, demorándolos en trámites, de modo de "descargar" la tarea hospitalaria? No es idea tan peregrina, ya que en una capital provincial, se observó que la obra social provincial sólo prestaba servicios del primer día al decimoquinto del mes - luego, alegaba falta de fondos. Una curiosa forma de racionamiento de la atención de la salud.

        Y ya que el ministerio de salud nacional incluye en su cartera los temas del medio ambiente, sorprendámonos aún más con la inauguración de un "mini-hospital" por parte del ministro nacional y autoridades provinciales, justo en medio de un barrio muy pobre. Justo encima del basural sobre el cual se asienta este barrio tan pobre! Lo interesante es que el "mini-hospital" no tiene laboratorio de análisis clínicos, ni quirófano; sólo es un policonsultorio, ubicado en un basural. Quiénes arrojan su basura allí? Los camiones que provienen de barrios más económicamente aventajados. No muy lejos, otros dos "Guinness de la contaminación": dos acumulaciones de residuos tóxicos, al aire libre, llamadas "laguna verde" y "laguna azul" por los vecinos. Es curioso que entre roedores, residuos tóxicos y basura, los vecinos se sientan preocupados por el PCB que se derrama de algún transformador de la compañía de electricidad. Y es allí donde surge -sólo entonces - una preocupación de estos vecinos: un niño falleció de leucemia en el barrio del basural.

        En otro barrio, los inmigrantes bolivianos nos dicen que los médicos del sistema público rehúsan atenderlos, por no tener su documentación en regla. Continúan entonces presentando sus síntomas: tos, fiebre prolongada, decaimiento. Las autoridades se preocuparían si sospecharan que tales manifestaciones clínicas podrían representar focos de tuberculosis? Finalmente, es este barrio periférico de una capital provincial quien provee la respuesta: los pacientes pobres que no están en el hospital están allí, sufriendo y tosiendo en sus casas.

"Para nosotros, para nuestros hijos, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino..." (Preámbulo de la Constitución Argentina).



Buenos Aires, diciembre de 2004.