Trasplante renal y
cáncer
Dr. Pedro M. Politi. Oncólogo
clínico, Equipo Interdisciplinario de
Oncología.
La inmunosupresión luego de trasplante de un órgano sólido se asocia con
un riesgo aumentado de cáncer de piel (no-melanoma) y otros cánceres asociados a
infección viral. El pensamiento médico general acepta que otros cánceres no
suelen ocurrir con mayor frecuencia en estos pacientes, pero los estudios de
observación son incompletos. Un
grupo de investigadores de
Un estudio observacional previo,
publicado por investigadores del Instituto Europeo de Oncología sito en Milán [2]
había examinado el tema, estudiando
una gran cohorte de pacientes tratados con diálisis, pero no trasplantados. En
total, se siguió 831.804 pacientes que recibieron diálisis por insuficiencia
renal terminal en Estados Unidos, Europa, Australia o Nueva Zelanda entre 1980 y
1994. Con un total de 2.045.035 personas-años de seguimiento, se comparó la
incidencia de cáncer con la de las respectivas poblaciones generales de
referencia. Durante un seguimiento promedio de 2.5 años, hubo 25.044 casos de
cáncer en 831.804 pacientes (3%), en comparación con un número esperado de
21.185 (tasa estandardizada de incidencia de cáncer: 1.18; intervalo de
confianza: 1.17-1.20). El riesgo de cáncer fue mayor en pacientes menores de 35
años (tasa estandardizada: 3.68; intervalo: 3.39-3.99), y el riesgo decreció
gradualmente con la edad. Se observó alto riesgo para cáncer renal (tasa: 3.60),
de vejiga (1.50) y de tiroides y otros órganos endócrinos (2.28). Se notó el
exceso de incidencia de cáncer en diversos órganos para los cuales se sospecha
una etiología viral, en tanto que los cánceres de pulmón, colon y recto,
próstata, mama y estómago no mostraron aumento en su incidencia. Los
investigadores concluyeron que el riesgo general de cáncer se halla aumentado en
pacientes con enfermedad renal terminal, y la distribución de estos cánceres es
similar a la observada luego del
trasplante renal. El exceso de riesgo de cáncer en esta población puede
interpretarse, en parte, como asociado a mecanismos de carcinogénesis viral, y
se va reduciendo con la edad. Por otra parte, otro componente del riesgo
excesivo podría vincularse con efectos de la enfermedad renal, o con la pérdida
de determinadas funciones del riñón.
Estos datos, tomados en conjunto, corroboran que efectivamente existe un
aumento de riesgo de contraer cáncer en pacientes trasplantados renales, y que
aparentemente, habría una conexión entre la inmunosupresión y los mecanismos de
carcinogénesis viral, dado el tipo de tumores que mayormente se observan (por
ejemplo, linfomas, vinculados en parte con el efecto carcinogénico del virus de
Epstein-Barr, entre otros; cánceres de cabeza y cuello, vinculados con el hábito
de alcohol y tabaco, más el virus de Epstein-Barr; carcinoma de cuello uterino,
vinculado con determinados serotipos de virus de papiloma humano o HPV).
Conceptualmente, estos datos permitirían investigar en estrategias focalizadas
de prevención.
Por otra parte, los pacientes con enfermedad renal avanzada que requiere
diálisis, pero no trasplantados, tienen un riesgo de cáncer menor que los
trasplantados, y en el estudio más amplio publicado a la fecha (Instituto
Europeo de Oncología, citado arriba), exhiben un riesgo modestamente aumentado,
mayor en pacientes jóvenes, y también asociado con tumores en que se sospecha
carcinogénesis viral.
El mensaje para los pacientes en diálisis y/o trasplantados es que
enfrentan un riesgo mayor, pero que este dato preocupante debe ser puesto en
contexto: la incidencia de cáncer en el grupo trasplantado fue de 3% en varios
años. Por otra parte, varios de estos cánceres son detectables tempranamente si
se planifica un mecanismo sistematizado de búsqueda y detección precoz. Estas
inquietudes y preocupaciones muy válidas deben ponderarse frente a las ventajas
de recueperar la función renal, aportadas por el trasplante. Sin duda, es
necesario invertir en investigación para desentrañar mecanismos de estos
procesos, y desarrollar estrategias adecuadas de prevención, pero lo primero es
poner en contexto el riesgo.
Buenos Aires, marzo de 2007
[1] Nota para no-médicos : la expresión “terminal” en este contexto alude a la fase final de la evolución natural del daño renal: la falla renal. No tiene la connotación que algunos médicos emplean (con precisión o sin ella) para indicar que un paciente tiene una breve expectativa de vida. En este contexto, esa expresión muchas veces es científicamente inapropiada, y lamentable en los aspectos de comunicación médico-paciente. En contraste, la expresión es estándar al referirse a la evolución de la función del riñón, la cual no se recupera espontáneamente.
[2] Maisonneuve P, Agodoa L,
Gellert R, et al. Cancer in patients on dialysis
for end-stage renal disease: an international collaborative study. Lancet 1999;
354 (9173): 93-9.