Alcoholismo en pacientes con cáncer. Enfoques para el equipo
oncológico.
Dr. Pedro M. Politi. Oncólogo clínico, Equipo
Interdisciplinario de Oncología. Buenos Aires.
Dra. Susana B. Etchegoyen. Médica internista.
Equipo Interdisciplinario de Oncología.
Introducción
y panorama general
El consumo excesivo crónico de alcohol contribuye en forma importante al
desarrollo de enfermedad cardiovascular, hepática, cáncer y trastornos
psiquiátricos. Se estima que solamente en los EEUU, 19 millones de personas
tienen “un problema de alcohol” pero solamente 2.4 millones han sido
diagnosticados y menos de 140.000 reciben tratamiento médico[1].
El complejo entramado del alcoholismo como patología personal, molecular y
social excede vastamente el marco de esta página. Los mecanismos moleculares
responsables del daño celular se han descripto con detalle, y el impacto del
alcohol en el riesgo individual de cáncer de la región bucal, faríngea,
esofágica, del hígado, de mama y de colon, entre otros, ha sido evaluado y
expuesto en numerosas publicaciones.
En las líneas siguientes se presentan elementos a tener en cuenta en el
abordaje clínico-oncológico de pacientes con un diagnóstico de cáncer, que
además cargan con el problema del alcoholismo y requieren tratamiento de su
neoplasia.
Valoración
del daño por exposición al alcohol, prioridades y niveles de alarma, y medidas
terapéuticas
Frecuentemente se toman rápidas y urgentes decisiones sobre tratamiento
antitumoral en pacientes que refieren abuso crónico de alcohol, contando con
relativamente pobre y sucinta información sobre el daño orgánico y subjetivo
acumulado en años o décadas de alcoholismo.
Se sabe que es frecuente la presencia de alteraciones funcionales y
estructurales en el cerebro, cerebelo, tronco encefálico, sistema nervioso
periférico, músculos, aparato cardiovascular, hígado, páncreas, tubo digestivo y
glándulas salivares, encías, piezas dentarias, sistema inmunitario, etc, en
estos pacientes. Pero a menudo no se completa una valoración sistemática del
daño antes de iniciar un tratamiento oncológico considerado urgente. Estos
pacientes presentan elevado riesgo de neumonía, especialmente perioperatoria, de
delirio, cardiopatía, pancreatitis, trastornos hematológicos, cirrosis y sus
complicaciones – por sólo nombrar algunas de las situaciones clínicas más
frecuentes.
El abordaje académico del alcoholismo no suele ayudar mucho a los
oncólogos clínicos. La literatura biomédica lo enfoca desde diversos ángulos,
incluyendo definiciones como “una disfunción cerebral adquirida con
caracteristicas neuroquímicas y neuroanatómicas específicas” (ver ref 1). En contraste, la percepción de
algunos sectores sociales para los cuales el alcoholismo se trataría de “un
vicio” o “una debilidad de carácter” ciertamente no favorecen la
recuperación.
Si bien hay acuerdo en la necesidad de estrategias de prevención y de
intervención precoz, ya que la edad promedio de experimentación con el alcohol
suele hallarse entre los 11 y 13 años (y en ocasiones, mucho antes), estos datos
se aplicarían a políticas de prevención primaria y secundaria que en nuestro
medio brillan por su ausencia. La publicidad de sustancias adictivas (alcohol,
tabaco) en la vía pública es rampante en la ciudad de Buenos Aires y en muchas
ciudades argentinas. La reciente puesta en vigencia de leyes anti-tabaco, en
general, de índole municipal, está cambiando una parte de este fenómeno y
muestra que es posible acotar el bombardeo publicitario de los lobbies de las
sustancias adictivas. Entretanto, equipos de fútbol profesional publicitan o
publicitaron bebidas alcohólicas en su indumentaria deportiva, sepultando la
idea de “mente sana en cuerpo sano”, y acoplándose al negocio del tráfico de
sustancias nocivas para la salud. La publicidad y el mercado mandan – mientras
se lo permitamos.
En los últimos 55 años, solamente tres fármacos han sido aprobados por
Un equipo oncológico estará interesado en registrar y controlar, si es
posible, los principales factores contribuyentes a morbilidad y mortalidad en
pacientes alcohólicos puestos bajo su cuidado. Un estudio longitudinal a largo
plazo (por
Las complicaciones odontológicas (dentales y paradentales) del
alcoholismo son serias y requieren atención del equipo médico [3]
[4].
La presencia de caries dental puede ser causa de dolor o foco infeccioso,
particularmente importante de erradicar o tratar si se planifica un tratamiento
radiante en cuello o cavidad bucal (para prevenir radionecrosis y
osteomielitis). Asimismo, el daño causado por el etanol a las glándulas
salivares condiciona dificultad para humectar el bolo alimenticio, inapropiada
supresión de la flora bacteriana, mayor riesgo de enfermedad periodontal. En
parte, el alcoholismo va asociado como factor contribuyente en los cuadros de
disfagia en pacientes con diagnóstico de cáncer, en especial, el de la región de
cabeza y cuello y el esofágico [5].
Estos pacientes requieren modificaciones de la textura de sus alimentos,
atención a la densidad calórica y deglutibilidad de los mismos, además de las
estrategias para contrarrestar la saciedad precoz, muy
común.
El alcoholismo es un componente
relevante de la demencia de causa no-vascular, no-degenerativa, la cual explica
un 30% de los casos de demencia en estudios de comunidad en el norte de los EEUU
[6].
Otra causa importante es el compromiso neoplásico (metastásico) del cerebro.
Adicionalmente, los trastornos de memoria, los cuadros oftalmopléjicos y la
neuropatía periférica pueden ser parcialmente revertidos con diagnóstico
temprano e intensa reposición de vitaminas del complejo B – más, obviamente,
abstinencia de alcohol. Este punto es muy importante, ya que el paciente se
juega su integridad neuro-cognitiva en las decisiones que
tome.
Las complicaciones metabólicas del alcoholismo, relevantes en el cuidado
de pacientes oncológicos, son numerosas. Mayor riesgo de hpoglucemia, acidosis
láctica, disfunción tiroidea, inadecuado manejo de situaciones de
hipo-osmolaridad plasmática, y un estado catabólico asociado a un aumento de
citoquinas pro-inflamatorias, más un excesivo recambio (consumo) de vitaminas
del complejo B y de ácido fólico, tienen importantes consecuencias clínicas.
El daño directo del miocardio, que en parte se expresa por mayor riesgo
de falla ventricular izquierda, daño auricular con fibrilación auricular
crónica, y el efecto (agudo) presor del alcohol en dosis moderadas-altas, más
que contrabalancean los efectos saludables de un bajo consumo de alcohol en la
forma de vino tinto, promocionado como beneficioso – siempre y cuando se trate
de no más de UNA copa diaria. La deficiencia apuntada de vitaminas del complejo
B y de ácido fólico, además de detectarse indirectamente por la presencia de
macrocitosis (volumen eritrocitario elevado) en la sangre periférica, puede
expresarse por elevación del aminoácido homocisteína en plasma, el cual es un
marcador de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedad cardiovascular
(posiblemente, a través de efectos pro-oxidantes sobre los lípidos de la pared
vascular).
El riesgo de neumonía post-operatoria es tres a cuatro veces mayor en
pacientes alcohólicos, y suele requerir prolongada internación en una unidad de
terapia intensiva[7].
El alcoholismo altera la función del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal y su
respuesta perioperatoria, y del mismo modo modifica la respuesta inmunológica
del paciente.
Se ha detectado menor respuesta secretora endógena postoperatoria de
cortisol en pacientes alcohólicos, y menor activación de linfocitos T
citotóxicos en pacientes alcohólicos, comparados con los
no-alcohólicos.
La pancreatitis aguda y crónica son dos serias complicaciones clínicas en
pacientes alcohólicos. La probabilidad de desarrollar complicaciones
hemorrágicas o pseudoquiste pancreático, tanto en la forma aguda como en las poussées de la forma recidivante deben
ser tenidas en cuenta por el equipo oncológico, en particular ante episodios de
dolor abdominal severo inexplicado. Solamente con un bajo umbral para la
sospecha clínica será posible actuar pronta y eficazmente.
La pancreatitis aguda alcohólica tiende a progresar a pancratitis crónica
en un 80% de los casos, en contraste con la pancreatitis biliar.
Lamentablemente, no hay consenso amplio sobre criterios diagnósticos de
pancreatitis crónica alcohólica[8],
y tanto la calcificación pancreática como la disfunción glandular pueden tomar
hasta 5 años en manifestarse claramente, por lo que el diagnóstico es
frecuentemente tardío. La exposición a tabaco y el uso continuado de alcohol
aumentan la probabilidad de pasaje a la forma crónica, que puede ser
invalidante, en particular si se desarrolla colestasis o pseudoquiste..El dolor
en la pancreatitis crónica puede ser severo pero no suele ser “intratable”:
combinaciones de narcóticos con drogas útiles en dolor neuropático, o
eventualmente procedimientos de bloqueo del plexo solar pueden ser de mucho
valor. La aparición de diabetes secundaria y esteatorrea complican el manejo,
pero son más bien desafíos abordables profesionalmente, y no un escenario
devastador. El riesgo de cáncer extrapancreático es elevado, en particular en
los pacientes fumadores.
El espectro clínico-patológico de la hepatopatía alcohólica, desde la
hepatitis aguda, hasta la hepatitis crónica, cirrosis y finalmente,
hepatocarcinoma, es un poderoso factor que influye sobre el curso clínico y la
respuesta al tratamiento oncológico, el riesgo de complicaciones (por ejemplo,
peritonitis espontánea, sangrado intrahepático, hipertensión portal, sangrado
digestivo, síndrome hepato-renal, encefalopatía hepática, etc). Adicionalmente,
la severidad de la hepatopatía limita las opciones terapéuticas disponibles (por
ej, si se considerara resección de metástasis hepáticas de carcinoma
colo-rectal, o cirugía en un paciente con
hepatocarcinoma).
La eritropoyesis ineficaz, la “mala utilización” de los depósitos
tisulares de hierro, la acumulación de hierro tisular en niveles peligrosos
(valores de ferritina sérica > 500 microgramos/litro) forma parte del cuadro
de hemosiderosis secundaria del alcoholismo severo.
El monitoreo de datos de laboratorio (transaminasas, gamma-glutamil
transpeptidasa – GGTP- , bilirrubina, tiempo de protrombina, colesterol total,
etc) aporta datos muy valiosos en el seguimiento. Algunos clínicos utilizan el
nivel de
El abordaje nutricional es crucial. Los pacientes presentan atrofia
muscular, tanto por efecto tóxico directo del etanol como por inactividad, se
hallan frecuentemente al borde de la hipoglucemia, en acidosis metabólica, y su
alimentación es de pobre calidad. Es necesario restaurar una dieta balanceada,
apropiada para la situación, con aporte vitamínico, calórico, de fibra y con un
control del ingreso de proteínas, siempre buscando fácil deglución y
digestibilidad. La presencia de saciedad precoz exige un enfoque de dieta
fraccionada.
Conclusiones
El abordaje interdisciplinario de pacientes con alcoholismo y cáncer
representa un desafío. Es necesario establecer una relación franca y directa con
el paciente, con claridad en la necesidad de abstinencia, y en la importancia de
medidas que restauren en parte la salud o el bienestar, y prevengan serias
complicaciones. El monitoreo de aspectos clínicos y de laboratorio, y la
atención a señales de alarma (ej, dolor abdominal severo no explicado, delirio,
confusión mental, etc) son elementos clave en el manejo clínico de estos
pacientes.
Buenos Aires, abril de 2007.
Referencias
bibliográficas
[1] Se T, Vega CP. Alcoholism and pathways to recovery: new
survey results on views and treatment options. Med Gen Med 2006 Jan
4;8(1):2
[2]
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[4] Friedlander AH,
J Am Dent
Assoc. 2006 Mar;137(3):330-8.
[5] Gould L, Lewis
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[6] Knopman DS et al. Incidence and
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Arch Neurol. 2006 Feb;63(2):218-21.
[7] Spies C, et al. Intervention at the level of the neuroendocrine-immune axis and postoperative pneumonia rate in long-term alcoholics. Am J Respir Crit Care Med. 2006 Aug 15;174(4):408-14
[8] Ammann RW.
Diagnosis and management of chronic pancreatitis: current knowledge. Swiss Med
Wkly. 2006 Mar
18;136(11-12):166-74.